Capitulos 1 y 2


Capitulo 1
Pensé que mi día no podría empeorar hasta que mi mejor
amiga me dijo que podría volverse loca. Otra vez.
- Yo.. ¿Qué dijiste?- Yo estaba en el pasillo de su habitación,
agachada sobre mis botas y ajustándolas. Levante mi cabeza,
observé sus pensamientos a través de la confusión de cabello
negro que cubría mi cara. Me había quedado dormida
después de la escuela, y había pasado apresuradamente el
cepillo por mi pelo para conseguir salir a tiempo. El pelo
rubio platino de Lissa era liso y suave, por supuesto,
suspendido sobre sus hombros como un velo de boda
mientras me miraba con diversión.
- He dicho que creo que mis pastillas ya no son eficaces.- Me
levanté y aparté el pelo de mi cara.
- ¿Qué significa eso?-, le pregunté.
A nuestro alrededor, los Morois pasaban a toda prisa,
mientras se reunían con sus amigos para ir a cenar.
-Empezaste... - Baje mi voz. - Empezaste a tener tus poderes
de nuevo? -Ella sacudió la cabeza, y vi un destello de
arrepentimiento sus ojos.
-No. .. Me siento más cerca de la magia, pero aún no puedo
utilizarla. Lo que he notado es principalmente más que otra
cosa, ya sabes... Estoy cada vez más deprimida, de vez en
cuándo. Para nada cercano a lo que solía estar-, añadió
apresuradamente, al ver mi cara. Antes de que empezase a
tomar las pastillas, el estado de ánimo de Lissa era tan malo,
que se cortaba a si misma. -Sólo es un poco más de lo que
era.-
-¿Qué pasa con las otras cosas que solías sentir? La ansiedad?
Pensamientos ilusorios?- Lissa sonrió, sin tomárselo tan en
serio como yo lo hacia.
- Suenas como si hubiera leído libros de psicoanálisis -. En
realidad los había leído. - Estoy preocupada por ti. Si piensas
que las pastillas no están haciendo efecto, tenemos que
contárselo a alguien -.-No, no.- Dijo rápidamente. -Estoy bien, de verdad. Todavía
están haciendo efecto... sólo que no tan bien. No creo que
deberíamos empezar a tener pánico todavía. Especialmente
hoy, por lo menos. -
El cambio de tema funcionó. Descubrí a una hora que hoy iría
a hacer mi test calificativo. Se trataba de un examen o mejor,
una entrevista que todos los guardianes novatos tenían que
pasar en la Academia de San Vladimir. Ya que había estado
escondida con Lissa el año pasado, había perdido el mío. Hoy
iba a ser llevada a algún lugar con un guardián fuera del
campus en donde haría la prueba. Gracias por la advertencia,
gente.
- No te preocupes por mí -, dijo Lissa sonriendo. – Hablaré
contigo si empeora.-
- Muy bien-, le dije a regañadientes. Sólo para estar segura,
abrí mis sentidos y me dejé sentir lo que ella realmente sentía
a través de de nuestra conexión. Estaba diciendo la verdad.
Ella estaba tranquila y feliz esta mañana, nada de que
preocuparse. Pero en el fondo de su mente, sentí un punto
negro, unos sentimientos incómodos. No la estaba
consumiendo ni nada, pero tenía eran los mismos
sentimiento de depresión y cólera que ella solía tener. Era
sólo un poco, pero no me gustaron. Yo no quería eso allí.
Intenté entrar todavía más en su mente para poder sentir
mejor sus emociones y de repente sentí un extraño toque. Me
envolvió un sentimiento horrible, y salí de su cabeza. Un
pequeño escalofrío recorrió mi cuerpo.
- ¿Estás bien?- Preguntó Lissa frunciendo la frente. - Te ves
enferma de repente.-
- Solo... nerviosismo por la prueba- le mentí. Vacilante,
establecí nuestra conexión de nuevo. La oscuridad había
desaparecido completamente. Sin dejar huella. Tal vez,
después de todo, no tienen nada de malo.
-Estoy bien-. Señaló el reloj. -No llegarás a tiempo si no
corres-. -Mierda- juré. Tenía razón. Le di un rápido abrazo. -
Hasta luego! -
-¡Buena suerte!- Ella gritó.
Corrí a través del campus y me reuní con mi mentor, Dimitri
Belikov, que estaba esperando al lado de un Honda. Qué
aburrido. Supongo que no podía esperar que pudiéramos

conducir por las carreteras de montaña de Montana en un
Porsche, pero sería bueno ir en algo más guay.
-Lo sé, Lo sé-, le dije, al ver su cara. - Siento llegar tarde-.
Entonces recordé que tenía de las pruebas más importantes
de mi vida, y de repente, se me olvidó por completo Lissa y las
pastillas que probablemente no estuvieran haciendo efecto.
Quería protegerla, pero eso no significa mucho si no
conseguía pasar la escuela y convertirme en una verdadera
guardiana. Dimitri estaba ahí, hermoso como siempre. El
masivo edificio de ladrillo echaba largas sombras sobre
nosotros, asomando como alguna gran bestia en la luz oscura
de antes del amanecer. A nuestro alrededor, la nieve
comenzaba a caer. Observé como los cristalinos y brillantes
copos caían suavemente. Algunos aterrizaban y se fundían en
su cabello oscuro.
-¿Quién más viene?-, Le pregunté.
Él se encogió de hombros. -Sólo tú y yo-.
De repente cambió mi estado de ánimo de "feliz" a
"emocionado". Dimitri y yo. Solos. En un coche. Esto muy
bien puede valer una prueba sorpresa.
-¿Está muy lejos?- En silencio, supliqué que fuese un viaje
realmente largo. Como, uno que nos llevase una semana. Que
implicase pernoctar en hoteles de lujo. Tal vez tropezamos
con un banco de nieve, y sólo en calor corporal nos
mantendría con vida.
- Cinco horas.-
-Oh-
Un poco menos de lo que esperaba. Pero sí, 5 horas era mejor
que nada. I tampoco eliminaba la posibilidad de un banco de
nieve. La carretera oscura y llena de nieve habría sido difícil
para la conducción de un humano, pero no se mostró como
un problema para los ojos de un dhampir. Miré hacia
adelante, tratando de no pensar en la barba de Dimitri
llenado el coche con un limpio, fuerte olor que me hacia
querer derretirme. En lugar de ello, traté centrarme en la
prueba de nuevo. Es el tipo de prueba no se podía estudiar. O
pasabas o no. Guardianes de alto nivel visitaban a los novatos
y los evaluaban individualmente para discutir su compromiso
para ser guardianes. No sabía exactamente lo que se pedía,
pero según los rumores se habían acumulado a lo largo de los

años, los guardianes mayores evaluaban el carácter y
dedicación, y algunos novatos se habían considerado
inapropiados para continuar el camino de los guardianes.
-Ellos no suelen venir a la Academia?- Le pregunté a Dimitri.
-Quiero decir, estoy a favor del viaje pero porque nosotros
estamos yendo hasta ellos?-
-En realidad, vas a él, no ellos-. Un suave acento ruso salió de
las palabras de Dimitri, la única indicación de donde había
crecido. De lo contrario, yo estaba segura de que hablaba
inglés mejor que yo.
-Dado que este es un caso especial y que nos está haciendo un
favor, nosotros estamos haciendo el viaje -.
-¿Quién es?-
-Arthur Schoenberg-. Saque mis ojos de la carretera y mire a
Dimitri.
-¿Qué?- Grite.
Arthur Schoenberg era una leyenda. Fue uno de los grandes
cazadores en la historia de Strigoi, guardianes de la vida y que
solía ser la cabeza del Consejo de Guardianes - el grupo de
personas que designaban los guardianes para los Moroi
tomaban las decisiones por todos nosotros. Él finalmente se
retiró y regresó a proteger una de las familias reales, la
Badica. Incluso jubilado, yo sabía que todavía era letal. Sus
hazañas fueron parte de mi plan de estudios.
-¿No… no disponen de ninguna otra persona?- Le pregunté
en voz baja. Pude ver como Dimitri sonreía.- Estarás bien. Por
otra parte, si él te aprueba, será una gran recomendación para
dejar en tu historia -. Dimitri usaba el primer nombre de uno
de los guardines más increíbles. Por supuesto, Dimitri
también es increíble, así que no debería de estar sorprendida.
El silencio cayó sobre el coche. Me mordía los labios, de
repente me preguntaba si podría entrar en los patrones de
Arthur Schoenberg. Mis notas eran buenas, pero cosas como
escapar y meterme en peleas podría empezar a dudar acerca
de cómo seria en mi futura carrera.
- Estarás bien-, dijo Dimitri. –Lo bueno de tu historia
sobrepasa todo lo malo.- Era como si a veces pudiera leer mi
mente. Sonreí un poco y lo miré a escondidas. Fue un error.
Tenía un cuerpo largo y delgado, incluso sentado era obvio.
Ojos abismalmente negros. Cabello marrón a la altura del

hombro atado detrás del cuello. Parecía que el pelo fuera de
seda. Yo sabía porque había pasado mis dedos en él cuando
Víctor Dashkov puso en marcha el hechizo de la lujuria. Con
grandes dificultades, me obligó a mí misma a comenzar a
respirar de nuevo y mirar lejos.
- Gracias, entrenador.-Lo provoqué, enclavándome en mi
asiento.
- Estoy aquí para ayudar-, respondió. Su voz se relajo -
inusual en él. Él generalmente hablaba con fuerza, listo para
un ataque. Probablemente iba seguro dentro del Honda o al
menos tan seguro como podía a mí alrededor. Yo no era la
única que había tenido problemas para ignorar la tensión
romántica entre nosotros.
-¿Sabes lo que realmente ayuda?- Le preguntó, sin encontrar
sus ojos.
-¿Hmm?-
-Si apagas esa música mala y pones algo que se hizo después
de la caída de la Muralla de Berlín.- Dimitri se rió.
–Tu peor clase es la historia, y de alguna manera, ya sabes
todo sobre Europa Occidente -.
- Oye, tengo que obtener el material para mis chistes,
camarada-. Aún sonriente, cambió la emisora. Para una
country.
- ¡Hey! Que no era lo que yo tenía en mente -, exclamé. Pude
ver como estaba a punto de reír de nuevo.
-Elige. Es uno o otro.- Suspiro. –Vuelve a las cosas de los años
80-. Regresó a la emisora, y yo crucé mis brazos por encima
de mi pecho mientras una banda europea cantaba acerca de
cómo el video había destruido la radio. Yo quería matar a
alguien de la emisora de radio. De repente, cinco horas no
parecían tan cortas como yo pensaba. Arthur y la familia que
él protegía vivían en una pequeña ciudad en la I-90 fuera de
Billings. La opinión de los Moroi por regla general fue
dividida sobre los lugares para vivir. Alguien discutió que las
grandes ciudades eran mejores porque permiten a los
vampiros estar mezclados con multitud, por la noche las
actividades no atraen mucho la atención. Otros Moroi, por
ejemplo, esta familia, al parecer, eligió las ciudades con
menos personas, creyendo que si había menos personas para
que los notaran entonces se notarían. Convencí a Dimitri para

parar a por comida en un restaurante 24 horas en la
carretera, y entre eso y detenernos para los suministros, era
cerca del mediodía cuando llegamos. La casa fue construida
en un estilo lujoso, con la madera pintada de color gris y
grandes ventanales - pintadas para bloquear el sol, por
supuesto. Parecía nueva y cara, e incluso está en medio de la
nada, fue lo que esperaba para los miembros de la realeza.
Salté del coche, empapado mis botas con centímetros de nieve
que acumulados en la entrada.
El día era cálido y tranquilo, a excepción del ocasional
susurro viento. Dimitri y yo caminamos hasta la casa,
siguiendo una roca que cortaba el jardín. Yo podía verle
regresar al "negocio", pero en general su actitud era tan feliz
para mí. Ambos tenían una especie de actitud de la culpa por
haber deseado el viaje en coche. Mis pies resbalaron en la
entrada cubierta con hielo, y Dimitri me aguanto
instantáneamente. Tuve una extraña sensación de deja vu,
recordando la primera noche en que nos encontramos,
cuando él me había salvado de una caída como esa.
Temperaturas frías o no, su mano parecía muy caliente,
incluso con las capas de mi abrigo.
-¿Estás bien?-Me soltó, para mi desanimo.
- Sí,- le digo, lanzando con ojos acusadores a la acera de hielo.
-Estas personas nunca han oído hablar de la sal? -Dije en
broma, pero de repente Dimitri dejó de caminar y yo también
me paré inmediatamente. Su expresión se volvió tensa y
alerta. Él giro la cabeza, los ojos mirando el entorno, el blanco
cortinas alrededor, antes de regresar a casa. Quería
preguntarle, pero algo en su postura me dijo que me quedara
callada. Estudió la construcción durante casi un minuto
completo y, a continuación, miró hacia abajo a la entrada,
cubierta con hielo roto sólo por nuestros pasos.
Cuidadosamente, se acercó a la puerta, y yo le seguí. Se volvió
a parar de nuevo, esta vez para estudiar la puerta. No estaba
abierta pero no estaba completamente cerrada. Parecía que
había sido celebrado no estaba sellada. Mirando más a fondo,
puso de manifiesto deficiencias en los bordes de la puerta,
parecía que había sido forzada en algún momento. Abriéndola
con un toque cuidadoso. Dimitri deslizó sus dedos
delicadamente donde se encontraba la mordedura de lapuerta, su aliento hacia pequeñas nubes de aire. Cuando tocó
la maneta de la puerta, hizo un ruido, como si estuviese rota.
Por último, hablo en silencio - Rose, espera ir en el coche.-
-Pero yo-
-Ves-.
Una palabra, pero llena de poder. En aquella única sílaba, me
acordé del hombre que yo había visto echando gente y
peleando contra un Strigoi. Me volví, moviendo la nieve
cubiertos con capas prefiriendo eso a arriesgarme en la acera
Dimitri se paro, y no se movió hasta que entre de un salto en
el coche, cerrando la puerta lo más suavemente posible.
Entonces, con sus cuidadosos movimientos, que empujó la
puerta y desaparecido hacía dentro.
Quemándome de la curiosidad, conté hasta diez y salte del
coche. Yo sabía que no debía ir tras él, pero yo tenía que saber
lo que estaba sucediendo en la casa. La acera y la carretera
indicaban que nadie había estado allí durante algunos días,
pero también podría significar que los Badicas simplemente
nunca habían salido de la casa. Era posible, supuse que
fueron víctimas del asalto humano común. También es
posible que algunos habían asustado y el hecho de… como los
Strigoi. Yo sabía que esa posibilidad era la que había echo que
la cara de Dimitri se volviese tan disgustada, pero parecía un
escenario poco común con Arthur Schoenberg de servició.
Parada en la carretera, miré al cielo. La luz era fría y húmeda,
pero estaba ahí. Mediodía. El punto más alto del sol. Los
Strigoi no podían salir de la luz del sol. No necesitaba tener
miedo, pero la ira de Dimitri.Paseo alrededor de la casa,
caminando en nieve profunda - casi un pie de profundidad.
Supongo que no había nada extraño en la casa. Estalactitas
colgaban de la tubería, y las ventanas pintadas no revelar
secretos. Mi pie golpeo algo de repente, miro abajo. Allí,
medio enterrados en la nieve, había una estaca de plata.
Había sido arrojado en el suelo. La cogí sacándola de la nieve,
frunciendo la frente. Qué estaba haciendo esta estaca aquí?
Las estacas de plata eran caras. Eran la cosa más mortal que
tenía un guardián, capaz de matar a un Strigoi con un solo
ataque en el corazón. Cuando se forjaban, 4 Morois la
encantaban con la magia de cada uno de los elementos.
Yo no había aprendido a utilizar una aún, segura en mi mano,de repente me sentí segura mientras continué mis análisis.
Una gran puerta guiaba al patio de atrás de la casa por una
cubierta que sería probablemente la diversión en el verano.
Pero el vidrio del patio estaba roto, de modo que una persona
podía cruzar fácilmente la misma. I sobie degrada la cubierta,
mirandola hielo, a sabiendas de que me metería en problemas
cuando Dimitri encontrara lo que estaba haciendo. Y a pesar
del frío, mi cuello no paraba de sudar.
Luz del día, la luz del día, me acordé. Nada de qué
preocuparse. Llegó al patio y estudio el cristal oscuro. No
podía decir lo que se había roto. Dentro, la nieve había
invadido y había hecho una pequeña corriente en la alfombra
de color azul claro. Arrastre el pomo de la puerta, pero estaba
bloqueado. No que había hecho la diferencia.
Cuidadosamente para no cortarme, alcanzo la apertura y abro
el pomo des de dentro. Saque mi mano cuidadosamente y tiró
de la puerta. Silbó levemente a lo largo del camino, un sonido
que aún parecía más bien ruidoso en el misterioso silencio.
Pasé por la puerta, entrando la luz del sol, que entró por la
puerta. Mis ojos se ajustaron por la disminución de la luz.
Viento entraba por la apretura del patio, bailando con las
cortinas a mi alrededor. Yo estaba en una habitación. Tenía
todos los elementos que cabría esperar. Sofá. Tv. Una
mecedora.
Y un cuerpo.
Era una mujer. Ella estaba sentada en frente del televisor, su
pelo negro en el suelo cerca de ella. Ella miró sus ojos sin
vida, su rostro pálido - más pálidos, incluso que un Moroi.
Por un momento pensé que su pelo estaba cubriendo también
su cuello, demasiado, hasta que me di cuenta de que eso en su
piel era negro sangre - sangre seca. Su garganta había sido
cortada. La escena surrealista fue tan horrible que no
reconocen lo que yo estaba viendo al principio. Con su
postura, la mujer podría estar muy bien dormida. Entonces vi
el otro cuerpo: un hombre de perfil sólo a unos pocos pies de
distancia, oscuras manchas de sangre de la alfombra a su
alrededor. Otro cuerpo se encontraba cerca del sofá: un niño
pequeño. En toda la habitación estaba otro. Y otro. Había
cuerpos en todas partes, los cuerpos y sangre.
La escala de la muerte de repente a mi alrededor fueregistrado, y mi corazón comenzó a golpear más rápido. No,
no.
No era posible. Era de día .Cosas malas no podían suceder de
día. Uno gritó empezó a crecer en mi garganta, que se detuvo
de repente, cuando una mano con guantes apareció detrás de
mí y cerro mi boca. Empecé a pelear, y luego sentí el olor de la
barba de Dimitri.
-Porque-, dijo, -Nunca escuchas? Tú estarías muerta si ellos
siguieran aquí -. No podía responder, a causa de su mano, y
debido al shock. Yo había visto a alguien muerto antes, pero
nunca había visto la muerte esta magnitud. Después de casi
un minuto, Dimitri finalmente tomó su mano, pero se quedo
cerca de mí. No quería mirar más, pero era incapaz de sacar
mis ojos de la escena que tenía delante de mi. Cuerpos por
todos los sitios. Cuerpos y de sangre. Por último, me volví
hacia él.
-Es de día- susurro. -Las cosas malas no ocurren de día -.
Oigo la desesperación en mi voz, una niña implorando que
alguien dijese que ese era un mal sueño.
-Cosas malas pueden suceder en cualquier momento-, dijo.
-Esto no ha ocurrido durante el día. Probablemente ocurrió
hace un par de noches. –
Me atreví a dar una mirada de nuevo al cuerpo y mi malestar
estomacal volvió. Dos días. Dos días que estaban muertos,
para que borren su existencia - sin que nadie en el mundo
supiera que usted se había ido. Mis ojos encontraron el
cuerpo de un hombre cerca de la entrada de la sala. Él era
alto, muy musculoso para ser un Moroi. Dimitri debió notar
cuando lo miré.
-Arthur Schoenberg-, dijo. Veo la sangrienta garganta de
Arthur.
-Él está muerto-, le digo, como si no fuera perfectamente
claro. - ¿Cómo puede estar muerto? Como un Strigoi mato a
Arthur Schoenberg? -No parece posible. No se puede matar a
una leyenda. Dimitri no respondió. En lugar de eso movió sus
manos hacia a bajo y se cerraron donde mi mano aguantaba
la estaca. Cedí.
-¿De dónde lo has sacado?-, Preguntó. Afloje la mano y le
permití coger la estaca.
-Fuera. En el suelo.- Levantó la estaca, estudiando su superficie
mientras brillaba contra la luz del sol.
-Se rompió la sala-. Mi mente, todavía aturdida, se tomó un
tiempo para procesar lo que había dicho. Entonces entendí.
Las salas eran anillos mágicos lazados por los Moroi. Como
las estacas, se hicieron utilizando la magia de los cuatro
elementos. Era necesario un gran usuario de la magia Moroi,
generalmente un grupo por cada uno de los elementos. La
sala podía bloquear el Strigoi porque la magia estaba
conectada a la vida y los Strigoi fueron asesinados. Pero las
salas se agotan rápidamente y necesitan mucho
mantenimiento. La mayoría de los Moroi no los utilizan, pero
en algunos lugares lo usan. La academia de San Vladimir
utilizaba varios.
-Los Strigoi no pueden tocar las estacas,- le dije. Me di cuenta
que yo estaba utilizando muy
- No pueden - y –No-. No era fácil cambiar sus creencias. -Y
ningún Moroi o dharpir haría eso -.
-Un ser humano podría-. Me encontré con sus ojos.
- Los humanos no ayudan a los Strigoi - me detuve. Allí
estaba de nuevo. No. Pero no lo podía evitar. Lo único en lo
que podemos confiar en la lucha contra un Strigoi son sus
limitaciones - el sol, la sala, la estaca magia, etc. Utilizábamos
la debilidad de ellos en su contra. Si ellos tuvieran otros seres
que los ayudaran y no les afectaban sus limitaciones... El
rostro de Dimitri estaba rígido, todavía listo para cualquier
cosa, pero un pequeño resplandor de alegría cruzo sus ojos
negros mientras él me miraba emprender mi batalla mental.
-Esto lo cambia todo, no?-, Le pregunté.
-Sí-, dijo. –Lo cambia-.
Capitulo 2

Dimitri hizo una llamada telefónica y un verdadero equipo del
SWAT apareció.
Sin embargo, les llevó un tiempo, y cada minuto que pasaba
parecía un año. Finalmente no pude aguantar más, y regresé
al coche. Dimitri examinó la casa a fondo y después regresó a
sentarse conmigo. Ninguno dijimos ni una palabra mientras
esperábamos. Una presentación de diapositivas de los
terribles acontecimientos pasaba todavía por mi mente.
Estaba asustada y me sentía sola y solo deseaba que el me
abrazase o me confortase de alguna manera.
Inmediatamente, me regañé por querer eso. Me recordé por
enésima vez que él era mi instructor y no tenía por que
reconfortarme, sin importar la situación. Además, quería ser
fuerte. No debía de salir corriendo detrás de un chico cada vez
que las cosas se pusiesen feas.
Cuando el primer grupo de guardianes apareció, Dimitri abrió
la puerta del coche y me miró. "Deberías ver cómo funciona".
Sinceramente, no quería volver a ver aquella casa, pero de
todas formas lo seguí.
Aquellos guardianes me eran desconocidos, pero Dimitri si
los conocía. Él siempre parecía conocer a todo el mundo. Este
grupo se sorprendió al encontrar a una novata en la escena,
pero ninguno protestaron en contra de mi presencia.
Caminé detrás de ellos mientras examinan la casa. Ninguno
de ellos tocó nada, pero se arrodillaron cerca de los cuerpos y
estudiaron las manchas de sangre y las ventanas rotas.
Al parecer, los Strigoi habían entrado en la casa a través de
algo más que la puerta y el patio.

Los guardias hablaban en tonos bruscos, sin mostrar el asco y
el miedo que yo sentía. Eran como máquinas. Uno de ellos, la
única mujer del grupo, se arrodilló cerca de Arthur
Schoenberg. Yo estaba intrigada por que las mujeres
guardianas son muy escasas. Oí que Dimitri la llamaba


Tamara, y parecía tener unos 25 años. Su pelo negro apenas le
llegaba a los hombros, como era normal en todas las mujeres
guardianas.
Mientras examinaba el rostro del guardián muerto, la tristeza
invadió sus ojos.

"¡Oh, Arthur," dijo. Como Dimitri, ella podía transmitir
muchas cosas en tan sólo unas pocas palabras. "Nunca pensé
que vería este día. Él fue mi mentor. "Con otro suspiro,
Tamara se levantó.
La expresión de su cara volvió cambio de nuevo, como si el
tipo que la había entrenado no se encontrase muerto delante
de ella. No podía creerlo. Fue su mentor. ¿Como podía
mantener este tipo de control? Durante medio segundo, me
imaginé a Dimitri muerto en el suelo en lugar de él. No. Yo
nunca podría mantener la calma en su lugar. Yo habría
enloquecido. Habría gritado y pateado cosas. Habría golpeado
a cualquiera que me dijese que todo estaría bien.
Afortunadamente, no creía que nadie pudiese tumbar a
Dimitri. Lo había visto matar a un Strigoi sin siquiera sudar.
Era invencible. Totalmente poderoso. Un dios. Por supuesto

también lo había sido Arthur Schoenberg.
"¿Cómo lo han hecho?" Dije de repente. Seis pares de ojos se
fijaron en mí. Esperaba una mirada de desaprobación de
Dimitri, por mi interrupción, pero el parecía curioso. "¿Cómo
lo han matado?"
Tamara se encogió un poco de hombros, su rostro todavía
tranquilo. "De la misma manera que mataron a todos los
demás. Es mortal, al igual que el resto de nosotros".
"Sí, pero el es... ya sabes. Arthur Schoenberg".
"Dínoslo tu, Rose", dijo Dimitri. "Has visto la casa. Cuéntanos
como lo lograron. "
Cuando todos ellos me miraron, me di cuenta de que tal vez,
después de todo, iba a hacer la prueba. Pensé en todo lo que
sabía y había visto, tragué, tratando de descubrir cómo lo
imposible se había convertido en posible.
“Hay cuatro puntos de entrada, lo que significa por lo menos
4 Strigoi. Había siete Moroi..." La familia que vivía aquí tenía
invitados, lo que había hecho que la matanza fuese todavía
mayor. Tres de las víctimas eran niños "... y tres guardianes.
Muchas muertes. Cuatro Strigoi no podrían haberlo hecho.
Seis probablemente si, si fueron por los guardianes primero y
los pillaron desprevenidos. La familia estaría realmente
asustada para luchar".
"¿Y cómo pillaron a los guardias desprevenidos?" incitó
Dimitri.
Dudé. A los guardianes, como regla general, nunca se los
pillaba desprevenidos. "Porque rompieron las custodias. En
una casa sin custodias, probablemente hubiese un guardián
caminando por el jardín de noche. Pero aquí, ellos no lo
hicieron".
Esperé por la próxima pregunta obvia, por la de cómo se
habían roto las custodias. Pero Dimitri no preguntó. No era
necesario. Todos lo sabíamos. Todo el mundo había visto la
estaca. Otra vez, un escalofrío recorrió mi columna vertebral.
Humanos que trabajaban con Strigoi - un gran grupo de
Strigoi.
Dimitri simplemente cabeceó como una señal de aprobación,
y el grupo continuó analizando la escena.
Cuando llegamos el cuarto de baño, traté de no mirar. Ya lo
había visto antes con Dimitri y no tenía ninguna intención de

repetir la experiencia. Había un hombre muerto, y su sangre
seca contrastaba contra los azulejos blancos. Además, esta
habitación estaba en el interior, no hacia tanto frío como en el
patio. El cuerpo no se había conservado tan bien. Aún no olía
mal, exactamente, pero tampoco tenía buen olor.
Pero cuando empecé a girarme para salir, vi algo de color rojo
– de hecho, era de un color marrón- en el espejo. No lo había
notado antes, porque el resto de la escena había llamado mi
atención. Había palabras en el espejo, hechas con sangre.
Pobres, pobres Badicas. Quedaban tan pocos. Una familia real
casi destruida. Otros les seguirán.
Tamara gruñó enfadada y se alejó del espejo, estudiando
otros detalles en el cuarto de baño.
Mientras salíamos del baño, esas palabras se repetían en mi
mente. Una familia real casi destruida. Otros les seguirán.
Los Badicas, eran una familia real pequeña, esto era cierto.
Pero los que habían sido asesinados aquí no eran los únicos
que quedaban. Probablemente todavía quedaban unos 200.
Esto no era una familia tan numerosa como, por ejemplo, la
Ivashkovs. Esa familia real, en particular, era enorme y estaba
muy extendida. Quedaban, sin embargo, mucho más Badicas
que algunos de las otras familias reales.
Como los Dragomirs.
Lissa era la única que quedaba.
Si los Strigoi querían destruir el linaje de familias reales, no
tenía nada mejor que ir detrás de ella. La sangre Moroi les
daba poder a los Strigoi, entonces entendía que ellos lo
deseasen. Supuse que ir específicamente detrás de las familias
reales era simplemente parte de su naturaleza cruel y sádica.
Era irónico que los Strigoi quisiesen destruir la comunidad
Moroi, ya que muchos de ellos habían sido parte de ella.
El espejo y la advertencia me consumieron durante el resto
del tiempo que estuvimos en la casa, y mi conmoción y miedo
se convirtieron en rabia. ¿Cómo podían hacer eso? Como una
criatura podía ser tan maléfica y retorcida para hacerle esto a
toda una familia - que quisiesen barrer un linaje real entero?
Como podrían hacer eso cuando antes habían sido como Lissa
y yo?.
Al pensar en Lissa - pensar en la intención de los Strigoi de
destruir también en su familia – se removió una rabia oscura
dentro mí. La intensidad de esa emoción casi me derrumbó.
Era algo oscuro y podrido, y cada vez iba en aumento. Una
tormenta a punto de desatarse. Y de repente quería rasgar en
pedazos con mis propias manos cada Strigoi que se pusiese a
mi alcance.
Cuando finalmente entré en el coche para regresar a San
Vladimir con Dimitri, cerré la puerta con tanta fuerza que me
sorprendió que no se cayese.
Dimitri me miró sorprendido. "¿Qué sucede?"
"¿Hablas en serio?" Exclamé, incrédula. "¿Cómo puedes
preguntarme eso? Estabas allí. Lo has visto".
"Lo vi", estuvo de acuerdo. "Pero no lo pago con el coche."
Me puse el cinturón y fruncí el ceño. "Los odio. Los odio a
todos! Ojala hubiesen estado allí. ¡Les hubiera arrancado las
gargantas! "
Casi estaba gritando. Dimitri me miraba, su rostro tranquilo,
pero estaba claramente impresionado con mi explosión.
"¿De veras crees que pasaría eso?", Preguntó. "¿Crees que
podrías haber sido mejor que Art Schoenberg, después de
haber visto lo que los Strigoi hicieron allí? Después de ver lo
que Natalie hizo contigo? "
Vacilé. Había luchado brevemente con la prima de Lissa,
Natalie, cuando se convirtió en una Strigoi, antes de que
Dimitri apareciese y me salvase el pellejo. Incluso con una
Strigoi recién convertida- débil y descoordinada – ella
literalmente me había lanzado por el pasillo.
Cerré los ojos y respiré profundamente. De repente, me sentí
estúpida. Había visto lo que un Strigoi podía hacer. Si salía
corriendo impetuosamente y trataba de hacerme la heroína
probablemente el resultado seria la muerte. Todavía estaba en
fase de preparación para ser una guardiana, aún tenía mucho
que aprender - y ninguna niña de diecisiete años podría
vencer a seis Strigoi.
Abrí mis ojos. "Lo siento", le dije, al recuperar el control de
mi misma. La cólera que había explotado dentro de mí había
desaparecido. No sabía de donde había venido. Yo era muy
irascible y actuaba impulsivamente, pero eso había sido
intenso y malo incluso para mí. Extraño.
“No pasa nada", dijo Dimitri. Se inclinó y puso su mano
encima de la mía durante unos segundos. Luego la retiró y
arrancó el coche. "Fue un día largo. Para todos nosotros. "
Cuando regresamos a la Academia de San Vladimir, cerca de
la medianoche, ya todos sabían acerca de la masacre. El día
de escuela de los vampiros acababa de terminar, y yo no había
dormido en 24 horas. Mis ojos estaban nublados y perezosos,
y Dimitri me ordenó ir a mi dormitorio y dormir un poco. Él,
por supuesto, parecía alerta y listo para cualquier cosa. A
veces yo pensaba que el no dormía. Se acercó a otros
guardianes para hablar del ataque, después de que le hubiese
prometido que me iría directa a la cama. En cambio, fui a la
biblioteca una vez que no me podía ver. Necesitaba ver Lissa,
nuestra conexión me decía que ella estaba allí.
Estaba oscuro como la boca de un lobo mientras iba por el
corredor de piedra que comunicaba mi dormitorio con el
edificio principal de la escuela secundaria. La nieve cubría
completamente la hierba, pero el pavimento había sido
limpiado a fondo de todo el hielo y la nieve. Lo que me
recordó la descuidada casa de los Badicas.
El edificio principal era grande y tenía un aspecto gótico, mas
apropiada para una película medieval que para un instituto.
Dentro, el aire de misterio y de historia antigua llenaba todo
el edificio: paredes de piedra y cuadros antiguos luchaban
contra los ordenadores y las luces fluorescentes. La tecnología
moderna se había abierto un hueco, pero nunca dominaría.
Después de pasar por la puerta electrónica de la biblioteca,
me dirigí inmediatamente a una de las esquinas en donde
estaban guardados los libros de geografía y de viajes. Por
supuesto, encontré a Lissa sentada en el suelo, apoyada
contra un estante.
"Ey", dijo, mirando por encima del libro abierto sobre una de
sus rodillas. Se apartó algunos mechones de pelo de delante
de su cara. Su novio, Christian, estaba en el suelo cerca de
ella, con la cabeza en su otra rodilla. Me saludó con un
movimiento de cabeza. Teniendo en cuenta el antagonismo
que a veces aparecía entre nosotros, era como darme un
abrazo. A pesar de su pequeña sonrisa, yo podía sentir la
tensión y el miedo en ella; pues fluía a través de la conexión.

"Ya lo sabes", le dije, sentándome con las piernas cruzadas.
Su sonrisa desapareció y los sentimientos de miedo y
ansiedad aumentaron. Me gustaba nuestra conexión por que
me permitía protegerla mejor, pero ahora mismo no
necesitaba que mis propios sentimientos conflictivos
aumentasen al sentir los suyos.
"Es horrible", dijo estremeciéndose. Christian entrelazó su
mano con la de ella y le dio un pequeño apretón. Ella apretó
de vuelta. Estos dos eran tan empalagosos y tan dulces que
sentía la necesidad de cepillarme los dientes siempre que
estaba con ellos. "Están diciendo... dicen que había seis o siete
Strigoi. Y humanos que les ayudaron a romper las custodias."
Apoyé mi espalada contra una estantería. Las noticias
realmente viajaban rápido. De repente, me sentía mareada.
"Sí".
"¿En serio?" Preguntó Christian. "Pensé que eran sólo un
montón de paranoias."
"No..." me di cuenta de que nadie sabía en donde había
estado. "Yo... Yo estuve allí".
Los ojos de Lissa se agrandaron, la conmoción cruzó su
rostro. Incluso Christian - el representante de los
"sabihondos" - parecía sombrío. Si no fuera por el horror que
todos sentíamos, me hubiera alegrado de pillarlo con la
guardia baja.
"Estás bromeando", dijo, con voz incierta.
"Pensé que estabas haciendo tu test calificativo..." Las
palabras de Lissa murieron. "Debería", le dije. "fue el tipo de
cosa “en el lugar y en la hora equivocada”. El guardián que me
iba a hacer la prueba vivía allí. Dimitri y yo entramos, y... "
No pude terminar. Imágenes de sangre y de muerte que
habían llenado la casa de los Badica aparecieron de nuevo en
mi mente. Tanto el rostro de Lissa como nuestra conexión se
llenaron de preocupación.
"Rose, ¿estás bien?" Ella preguntó suavemente.
Lissa era mi mejor amiga, pero no quería que supiese cuan
aterrada y molesta me había dejado la masacre. Quería ser
valiente.
"Genial", dije, entre dientes.
"¿Cómo paso?" preguntó Christian. Su voz estaba llena de
curiosidad, pero también había algo de culpa – él sabía que
estaba mal querer saber acerca de algo tan horrible. Pero no
pudo dejar de preguntar. La falta de control era algo que
teníamos en común.
"Fue..." Negué con la cabeza. "No quiero hablar de eso."
Christian comenzó a protestar y, a continuación, Lissa puso
su mano en su cabeza. El gesto de censura lo silenció. Hubo
un momento de torpeza entre nosotros. Al leer la mente Lissa,
sentí que ella buscaba desesperadamente un cambio de tema.
"Dicen que lo sucedido va a estropear nuestras visitas de
Navidad", dijo después de algunos segundos. "La tía de
Christian va a venir, pero la mayoría de la gente no quiere
viajar, y quiere que sus hijos están a salvo aquí. Están
aterrados con el grupo de Strigoi".
No había pensado las consecuencias de un ataque como este.
Apenas faltaban unas semanas para Navidad. Normalmente
había una gran cantidad de viajes en el mundo Moroi en esta
época del año. Los estudiantes se iban a casa a visitar a sus
padres, o los padres se venían al campus para visitar a sus
hijos.
"Esto va a mantener a muchas familias separadas", murmuré.
"Y obstaculizar las reuniones de la realeza", dijo Christian. Su
breve seriedad desaparecido; había regresado a lo sarcástico.
“Ya sabes cómo son en esta época del año – siempre
compitiendo para dar la mayor fiesta. No saben qué hacer".
No podía creerlo. Mi vida se basaba en luchar, pero los Moroi
tenían sus propias luchas internas - en particular la nobleza y
realeza. Libran sus propias batallas con palabras y alianzas
políticas, y honestamente, prefiero la forma más directa de
golpes y patadas. Lissa y Christian, en particular, tenían que
navegar en aguas turbulentas. Ambos eran de familias reales,
lo que significa que tenían una gran cantidad de atención,
dentro y fuera de la Academia.
La cosa era peor para ellos que para la mayoría de los Moroi
de la realeza. La familia de Christian vivía bajo la sombra de
sus padres. Ellos se había convertido en Strigoi por propia
elección, abandonado su magia y su moralidad para
convertirse en inmortales y subsistir a base de otros. Sus
padres ahora estaban muertos, pero esto no impedía que las
personas desconfiasen de él. Parecían pensar que él se
convertiría en un Strigoi en cualquier momento y se llevaría a
todos los demás con él. Su rudeza y el sentido de humor negro
no le ayudaban.
La atención sobre Lissa venia del hecho de que es la última de
su familia. Ningún otro Moroi tenía suficiente sangre
Dragomir como para recibir el nombre. Su futuro marido,
probablemente tendría suficientes familiares como para
asegurarse que sus hijos fuesen Dragomirs, pero por ahora,
ser la única, hacia de ella toda una celebridad.
Pensar en eso me recordó de repente el aviso del espejo. Mis
náuseas aumentaron. Aquella rabia y desesperación
reaparecieron, pero las envié lejos con una broma.
"Deberían tratar de resolver sus problemas como hacemos
nosotros. Una pelea podría ser algo buena para la realeza. "
Lissa y Christian rieron. Él miró Lissa con una sonrisa tonta,
mostrando sus colmillos. "¿Qué te parece? Creo que te
ganaría si nos peleásemos".
"Ya te gustaría," lo provocó. Sus sentimientos de
preocupación desaparecieron.
"Si me gustaría", dijo mientras la miraba.
Había una intensa nota sensual en su voz que hizo que su
corazón latiese descontrolado. Cierta envidia me invadió. Ella
y yo habíamos sido amigas de por vida. Podía leer su mente.
Pero el hecho era el siguiente: Christian es una gran parte de
su mundo ahora, y tenía un papel que yo nunca tendría – así
como el nunca sería parte de la conexión que existía entre ella
y yo. Nosotros dos medio lo aceptamos, pero no nos gustaba
el hecho de que tuviésemos que dividir su atención, y de vez
en cuando parecía que la tregua que habíamos hecho por el
bien de ella, desaparecía.
Lissa colocó su mano en su mejilla. "Compórtate".
"Yo me comporto", le dijo a ella, su voz todavía un poco
ronca. "A veces. Sin embargo, a veces no quieres que yo... "
Suspirando, me levanté. "Genial. Voy a dejar solos ahora".
Lissa parpadeó y arrastró su mirada lejos de Christian, de
repente parecía avergonzada.
"Lo siento", murmuró ella. Se puso colorada. Al ser pálida
como los demás Moroi, esto hizo que ella se viese más
hermosa. No es que necesitase mucha ayuda en eso. "No
tienes que ir..."
"No, todo está bien. Estoy agotada", le aseguré a ella
Christian no parecía muy preocupado por mi marcha.
"Hablamos mañana."
Empecé a irme, pero Lissa me llamó. "Rose?... ¿Seguro que
estás bien? Después de todo lo que pasó? "
La miré a sus ojos color verde jade. Su preocupación era tan
fuerte y profunda que sentí una punzada en mi pecho. Podría
ser la persona más cercana a ella que cualquier otra en el
mundo, pero no quería que se preocupase por mí. Era mi
trabajo mantenerla a salvo. Ella no debería preocuparse por
mí, en particular si los Strigoi habían decidido hacer una lista
negra de las familias reales.
La dirigí una sonrisa descarada."Estoy bien. No hay de qué
preocuparse a menos que vosotros dos empecéis a quitaros la
ropa antes de que me vaya. "
"Entonces es mejor que te vayas", dijo Christian.
Ella le dio un codazo y yo puse los ojos en blanco. "Buenas
noches", les dije.
Así que me di la vuelta, mi sonrisa desapareció. Me dirigí a mi
habitación con el corazón desgarrado, esperando no soñar
esta noche con los Badicas.









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