Capitulo 9 y 10


Capitulo 9
NO VÍ A DIMITRI POR un tiempo después de eso. Más tarde
ese día me envió un mensaje diciendo que pensaba que
deberíamos cancelar nuestras próximas dos sesiones debido a
la proximidad de sus planes sobre abandonar el campus. Las
clases estaban a punto de acabar de todas maneras, dijo;
tomar un descanso de las prácticas parece ser algo razonable.
Era una pobre excusa, yo sabía que esa no era la razón por la
cual él las cancelaba. Si me quería evitar, hubiera preferido
que inventara algo sobre como él y los otros guardianes
debían reforzar la seguridad de Moroi o que debía practicar
algún movimiento ninja súper secreto.
No tuve en cuenta su historia, yo sabía que me estaba
evitando por causa del beso. Ese condenado beso. No me
arrepentía, no exactamente. Solo Dios sabe cuanto he estado
esperando para besarlo, pero lo hice por las razones
equivocadas, debido a que estaba molesta y frustrada y sólo
quería probar que lo podía hacer. Estaba tan cansada de
hacer siempre lo correcto, lo inteligente. Estaba tratando de
tomar el control pero parece que todo empeoró.
No había olvidado la advertencia que una vez me dio— que
estar juntos no solo se trataba de la edad, sino que interferiría
con nuestros trabajos.
Presionándolo en el beso....bueno, yo había abanicado las
llamas de un problema que podría herir a Lissa finalmente,
no debería haberlo hecho.
Ayer había sido incapaz de detenerme, hoy puedo ver todo
más claro y no puedo creer lo que he hecho.
Me reuní con Mason la mañana de Navidad, y nos
encontramos con los otros para salir. Era una buena
oportunidad para sacar a Dimitri de mi cabeza. Me gustaba
Mason—bastante y no era como si tuviera que escaparme y

casarme con él. Como dijo Lissa, sería saludable para mi salir
con alguien nuevamente.
Tasha había estado organizando nuestro desayuno-almuerzo
de Navidad en un salón elegante en las habitaciones de
huéspedes de la Academia. Muchas actividades en grupo y
fiestas estaban ocurriendo en toda la escuela, pero
rápidamente me di cuenta que la presencia de Tasha creaba
una perturbación. Las personas o la miraban fijamente en
secreto o se apartaban de su camino para evitarla. Algunas
veces ella podía desafiarlos, o mantenerse cabizbaja, pero
hoy eligió mantenerse lejos del camino de las otras realezas y
simplemente disfrutar esta pequeña y privada fiesta de
aquellos que no le huían.
Dimitri había sido invitado a la reunión y parte de mi
resolución falló cuando lo vi. Estaba vestido elegantemente
para la ocasión, Okay, “vestido elegantemente” era una
exageración pero era lo que más se le parecía. Nunca lo había
visto de esa manera, usualmente el lucía un poco
rudo...preparado para entrar en una batalla en cualquier
momento.

Hoy, su oscuro pelo estaba atado a la parte de atrás de su
cuello, como si el realmente hubiera tratado de estar elegante.
Estaba usando sus usuales jeans y sus botas de cuero, pero en
vez de llevar una remera o su camisa termal, tenía puesto un
fino buzo negro tejido. Era un sweater ordinario, no era de
diseñador, ni caro, pero le agregó un toque de pulcritud que
normalmente no tenía, y buen Dios, le quedaba muy bien.
Dimitri no era malo ni nada de eso, pero no salió de su
camino para entablar una conversación conmigo. Sin
embargo habló con Tasha, y miré con fascinamiento como
hablaban tan fácilmente con ese modo que ellos lo hacían.
Sabía que un buen amigo de él era un primo lejano de la
familia de Tasha y así se habían conocido.
-Cinco? -Preguntó Dimitri asombrado. Ellos estaban
discutiendo el número de hijos que tenía su amigo.
-Yo no había oído eso.-Tasha asintió.
-Es insano. Lo juro, no creo que su esposa tenga más de seis
meses libres entre cada embarazo. Ella es baja, también— así
que debe haber engordado y engordado.
-Cuando lo conocí, ni siquiera quería hijos.-Sus ojos se
ensancharon excitadamente.
-Lo se! No puedo creerlo. Deberías verlo ahora, se derrite por
ellos. Ni siquiera puedo entenderlo la mitad del tiempo. Lo
juro, habla más como un bebe que Inglés.-Dimitri sonrió con
esa rara sonrisa suya.
-Bueno…los niños provocan eso en la gente
-No puedo imaginarme que te pase eso a ti.-Ella rió. –Tú no
eres nada sensible. Por supuesto…supongo que habrás hecho
habla de bebe en ruso, uno nunca sabe.
Ambos se rieron de eso, yo me di media vuelta y me fui,
agradecidamente Mason estaba ahí para hablar, era una
buena distracción de todas las cosas, porque adhiriéndole a
que Dimitri me ignoraba, Lissa y Christian estaban charlando
en su pequeño mundo.
El sexo parecía haberlos enamorado mucho más de lo que
estaban, y me preguntaba si podría pasar algún tiempo con
ella en todo el viaje de ski. Eventualmente se alejó de él para

darme mi regalo de Navidad.
Abrí la caja y miré dentro, vi un cordón de cuentas marrones,
y la esencia de rosas flotó por el aire.
-Que…
Saqué el cordón, y un pesado crucifijo de oro sonó desde el
final de él. Ella me había dado un CHOTKI. Era parecido a un
rosario, sólo que más pequeño, del tamaño de un brazalete.
-Estás tratando de convertirme?-Pregunté socarronamente.
Lissa no era una loca religiosa ni nada de eso, pero ella creía
en Dios e iba a la iglesia regularmente. Como muchas de las
familias Moroi que provenían de Rusia y el este de Europa,
ella era una cristiana ortodoxa.
Yo? Era mucho más que una Agnóstica Ortodoxa. Pienso que
Dios probablemente exista, pero no tengo el tiempo ni la
energía para investigar. Lissa respetó eso y nunca trató de
presionarme con su fe, eso hacía su regalo mucho más
extraño.
-Póntelo.-Ella dijo, claramente divertida con mi shock. Lo
hice. En la parte de atrás de la cruz, había grabado en oro un
dragón trenzado con flores.
La cresta de Dragomir. Yo la busqué, confundida.
-Es una herencia familiar.-Dijo. –Uno de los buenos amigos
de mi padre mantuvo guardada una caja con sus cosas. Esto
estaba entre ellas. Le perteneció al guardián de mi bisabuela.
-Liss … -Le dije. El chotki tomó un Nuevo significado.
-No puedo…no podéis darme algo como esto.
-Bueno, ciertamente no puedo quedármelo. Es para un
guardián, mi guardián.
Enrollé las cuentas alrededor de mi muñeca. La cruz se sentía
fría contra mi piel.
-Sabes…me burlé –Hay una Buena posibilidad de que me
pateen fuera de la escuela antes de convertirme en tu
guardián.
Ella sonrió. –Bueno, después de que lo hagan me la podéis
devolver.
Todo el mundo se rió. Tasha empezó a decir algo, pero paró
cuando miró la puerta.

-Janine!
Mi madre estaba de pie allí, estaba rígida e impasible como
siempre.
-Siento llegar tarde, dijo –Tuve que encargarme de un
negocio.
Negocios. Como siempre. Hasta en Navidad.
Sentí que mi estómago se revolvía y mis mejillas se
calentaban cuando los detalles de nuestra pelea volvieron a
mi mente. Ella no había dicho ni una palabra de
comunicación desde que ocurrió nuestra pelea dos días atrás,
ni cuando estaba en la enfermería. Ni disculpas. Nada.
Rechiné mis dientes.
Ella se sentó con nosotros y rápidamente se unió a la
conversación. He descubierto que ella sólo podía hablar de un
tema: los negocios de los guardianes. Me preguntaba si tenía
algún hobbie. El ataque Badica estuvo en la mente de todos, y
éste la condujo a hablar sobre una pelea similar en la que ella
había estado.
Para mi horror, Mason se fascinó con cada una de sus
palabras.
-Bueno, las decapitaciones no son tan fáciles como parecen.
Dijo en su manera de la realidad. Nunca pensé que fueran
nada fáciles, pero su tono sugería que ella creía que todos
pensaban que eran una pavada.
-Debéis pasar el cordón espinal y los tendones. Hasta el
hueso,-vi como Lissa se mareaba. Ella no era buena para las
charlas asquerosas. Los ojos de Mason se iluminaron.
-Cuál es la mejor arma para hacerla?
Mi madre lo consideró.
-Un hacha. Podes tener más peso.-Ella hizo un movimiento
oscilante por vía de la ilustración.
-Qué bien!.-Él dijo. – Hombre, espero que me dejen cargar un
hacha.
Era un idea cómica y ridícula, ya que las hachas no eran para
nada armas convenientes de cargar. Por medio segundo, el
pensamiento de Mason caminando por una calle con un
hacha sobre su hombro iluminó un poco mi humor. El
momento pasó rápidamente.
Honestamente no podía creer que estuviéramos teniendo esta

conversación en Navidad.
La presencia de mi madre había agriado todo.
Afortunadamente el grupo de personas se dispersó. Christian
y Lissa se fueron a hacer sus propias cosas, Dimitri y Tasha
aparentemente tenían que ponerse al día un poco más.
Mason y yo estábamos bien en nuestro camino a los
dormitorios dhampir cuando mi madre se nos unió. Ninguno
de nosotros dijo nada. Las estrellas abarrotaban el oscuro
cielo, alto y brillante, su brillo hacía juego con el hielo y la
nieve alrededor nuestro. Llevaba mi abrigo de marfil
adornado con piel falsa, e hizo un buen trabajo manteniendo
mi cuerpo templado, aunque no hizo nada contra las frías
ráfagas que quemaron mi cara. Caminamos todo el tiempo, yo
seguía esperando que mi madre diera la vuelta hacia las otras
áreas de guardianes, pero ella entro con nosotros.
-He estado queriendo hablar contigo- dijo finalmente. Mis
alarmas se encendieron, que hice ahora? Eso fue todo lo que
ella dijo, pero Mason rápidamente entendió la indirecta. Él ni
era estúpido ni era obvio con las señales sociales, justo como
en ese momento, hubiera deseado que lo fuera. También
encontré irónico que él quisiera pelear contra todos los Strigoi
en el mundo pero le tuviera miedo a mi madre.
Me lanzó una mirada de disculpa, se encogió de hombros y
dijo-Hey, debo irme, a, algún lado. Te veo luego.
Lo miré lamentando que se fuera, deseando poder correr tras
él. Probablemente mi mamá me haría frente y me golpearía
en el otro ojo si trataba de escapar. Mejor hacer las cosas a su
manera y resolver esto. Moviéndome incómodamente, miré
hacia todos lados menos a ella esperando que hablara. Desde
la esquina de mi ojo, pude ver unas pocas personas
mirándonos. Recordando como todo el mundo parecía saber
cómo ella me había dejado el ojo negro, decidí
repentinamente que no quería testigos alrededor que
escucharan cualquier clase de lección que ella me fuera a dar.
-Quieres, um, ir a mi habitación?-pregunté
Ella miró sorprendida, un poco insegura. –Claro.
La conduje al piso de arriba, manteniéndome a una distancia
segura mientras caminábamos. Una embarazosa tensión se

construyó entre nosotras. Ella no dijo nada cuando llegamos a
mi habitación, pero la vi examinar cuidadosamente cada
detalle, como si un Strigoi estuviera oculto allí.
Me senté en la cama esperando mientras ella se paseaba,
insegura sobre lo que debía hacer.
Pasó sus dedos sobre una pila de libros sobre el
comportamiento y la evolución animal.
-Son éstos para un trabajo?- preguntó
-No. Solo estoy interesada en eso, eso es todo.
Sus cejas se alzaron. Ella no sabía eso, pero cómo iba a
saberlo? No sabía nada sobre mí.
Continuó con su apreciación, deteniéndose para estudiar
pequeñas cosas mías que aparentemente la sorprendían.
Una foto de Lissa y yo vestidas de hadas para Halloween. Un
bolso de SweeTarts. Fue casi como si mi madre estuviera
viéndome por primera vez.
Abruptamente, se dio vuelta y me extendió su mano. –Aquí.
Sobresaltada, me apoyé hacia delante y mantuve mi palma
fuera debajo de la de ella. Algo pequeño y frío cayó en mi
mano. Era un colgante redondo, uno pequeño, no mucho más
grande que una moneda de diez centavos de diámetro. Una
base de plata sostenía un disco llano de círculos de colores.
Frunciendo el ceño, pasé mi pulgar sobre su superficie. Era
extraña, pero los círculos casi lo hacían ver como un ojo. El
interior de éste era pequeño, justo como una pupila. Era tan
azul oscuro que parecía negra. Alrededor había un gran
círculo azul pálido, que estaba rodeado por un círculo blanco.
Un muy, muy delgado anillo del mismo azul oscuro rodeaba
el exterior.
-Gracias-le dije. No esperaba nada de ella. El regalo era
extraño—para qué diablos ella me daría un ojo? —pero era un
regalo... –Yo... yo no tengo nada para ti.
Mi mamá asintió, cara inexpresiva e indiferente una vez mas.
–Esta bien. No necesito nada.
Giró nuevamente, y empezó a caminar por la habitación. No
tenía mucho espacio para hacerlo, pero su baja estatura le
daba un paso pequeño. Cada vez que pasaba frente a la
ventana sobre mi cama, la luz capturaba su pelo y lo
iluminaba. La miré curiosamente y me di cuenta que ella
estaba nerviosa al igual que yo.

Se detuvo y me miró. –Cómo esta tu ojo?
-Mejorando.
-Bien. Abrió su boca y tuve el presentimiento que estaba a
punto de disculparse. Pero no lo hizo. Cuando comenzó a
pasearse nuevamente, decidí que no podía seguir soportando
la inactividad. Comencé apartando mis regalos. Había
obtenido una linda pila de cosas esta mañana. Una de ellas
era un vestido de seda, regalo de Tasha, rojo, con flores
bordadas.
Mi madre me miró colgarlo en el diminuto armario de la
habitación.
-Tasha fue muy amable
-Sí –estuve de acuerdo. –Yo ni sabía que me iba a regalar
nada. Ella me agrada.
-A mi también.
Me di la vuelta y la mire fijamente. Mi sorpresa reflejaba la de
ella. Si no la hubiera conocido mejor hubiera dicho que
estábamos de acuerdo en algo. Tal vez los milagros de
Navidad si ocurrían.
-Guardián Belikov será una buena pareja para ella.
-Yo—pestañee, no estaba segura sobre lo que estaba
hablando. –Dimitri?
-Guardián Belikov- me corrigió severamente, todavía sin
aprobar mi forma casual de nombrarlo.
-Qué...qué clase de pareja? –pregunté.
Ella levantó una ceja. –No me has escuchado? Ella le pidió
que sea su guardián—desde que no tiene uno.
Me sentí cómo si me hubieran golpeado nuevamente
- Pero él esta asignado aquí. Y a Lissa.
-Los arreglos pueden deshacerse. Sin tener en cuenta la
reputación de Ozera...ella todavía es de la realeza. Si ella
presiona, ella lo puede conseguir.
Miré fijamente hacia la nada. –Bueno, supongo que son
amigos y todo.
-Más que eso—o probablemente lo podrían ser.
Bam! Golpeada otra vez.
-Qué??
-Hmm? Oh. Ella está interesada en él. Por el tono de mi
madre, estaba claro que los asuntos románticos en realidad

no le interesaban. –Ella está dispuesta a tener hijos dhampir,
así que es posible que puedan hacer un acuerdo si él es
finalmente su guardián.
Oh. Mi. Dios.
El tiempo se congeló. Mi corazón dejó de latir.
Me di cuenta que mi madre estaba esperando una
contestación. Estaba apoyada en mi escritorio, mirándome.
Podría ser capaz de cazar un Strigoi, pero no era consciente
de mis sentimientos.
-Él....él lo hará? Ser su guardián? Pregunté rápidamente.
Mi mamá se encogió de hombros. –No creo que acepte
todavía, pero por supuesto que lo hará. Es una gran
oportunidad.
-Por supuesto. -Repetí. Por qué iba Dimitri a despreciar la
oportunidad de ser guardián de una amiga y de tener un
bebé?
Creo que mi mamá dijo algo más después de eso, pero no la
escuché. No escuché nada. Me quedé pensando en Dimitri
abandonando la Academia, abandonándome a mi. Pensé en la
manera en que él y Tasha habían mejorado su relación. Y
después de esos recuerdos, mi imaginación empezó a crear
futuras escenas. Tasha y Dimitri juntos. Tocándose.
Besándose. Desnudos. Otras cosas…
-Estoy cansada.
Mi mamá terminó su oración. No tenía ni idea de lo que había
estado diciendo antes de que la interrumpiera.
-Estoy realmente cansada. Repetí. Pude oír el vacío de mi
propia voz. Vacía. Sin emoción. –Gracias por el ojo...um,
cosa, pero si no te importa...
Mi mamá me miró sorprendida, sus rasgos abiertos y
confundidos. Luego, así como así, su fría pared de
profesionalismo volvió a su lugar. Hasta ese momento, no me
había dado cuenta de cuanto tiempo la había dejado fuera.
Por un breve momento, ella se había hecho vulnerable
conmigo. Esa vulnerabilidad ahora se había ido.
-Claro- ella dijo aburridamente. –No quiero molestarte.
Quería decirle que no era así. Quería decirle que no la estaba
echando por ninguna razón personal. Y quería decirle que
deseaba que fuera la amable, amorosa y comprensiva madre
de la que siempre se oía hablar, una en la cual poder confiar.

Hasta quizá poder ser una madre con la cual poder discutir
sobre mi vida amorosa. Dios. Desearía poder decirle a alguien
sobre eso, en realidad. Especialmente en este momento.
Pero estaba demasiado atrapada en mi drama personal como
para decir ninguna palabra.
Sentía como si alguien me hubiera arrancado el corazón y lo
hubiera lanzado al otro extremo de la habitación. Había un
agonizante y caliente dolor en mi pecho, y no tenía idea de
cómo podría llenarse alguna vez. Había una cosa que aceptar,
no podía tener a Dimitri.
No le dije nada más a mi madre, debido a que mis
capacidades de hablar ya no existían. La furia centellaba en
sus ojos, y sus labios se habían alargado en esa tirante
expresión de disgusto que ella utilizaba muy a menudo. Sin
más palabra, se dio media vuelta y se marchó, golpeando la
puerta tras ella. Golpear la puerta era algo que yo también
hubiera hecho, en realidad. Supuse que sí compartíamos
algunos genes. Pero me olvidé de ella casi inmediatamente.
Sólo me quedé sentada pensando. Pensando e imaginando.
Pasé el resto del día haciendo un poco más que eso. Me salté
la cena. Solté algunas lágrimas. Pero el mayor tiempo lo pasé
sentada en mi cama pensando y poniéndome cada vez más y
más deprimida. También descubrí que la única cosa peor que
imaginar a Dimitri y Tasha juntos era recordar cuando
estábamos juntos. Él nunca me tocaría de nuevo de esa
manera, nunca me besaría otra vez...
Estas fueron las peores Navidades de mi vida.
Capitulo 10

El viaje de esquí no podría haber sido en mejor momento. Me
era imposible sacarme a Dimitri y a Tasha de la cabeza, pero
por lo menos hacer las maletas y el prepararme me servía
para tener el 100% de mi cerebro en ello. Vale, el 95%.
También tenía otras cosas con las que distraerme. La
Academia puede - con razón – ser súper protectora cuando se
trata de nosotros, pero a veces eso se traducía en cosas
bastante chulas. Ejemplo: La Academia tiene acceso a algunos
aviones privados. Esto significa que los Strigoi no nos pueden
atacar en el aeropuerto, y también significa que vamos a
viajar con estilo. Los aviones eran mas pequeños que los
aviones comerciales, pero los asientos son muy cómodos y
tienes mucho espacio para estirar las piernas. Se inclinan
tanto para atrás que incluso puedes acostarte para dormir. En
los vuelos largos, tenemos pequeñas consolas en los asientos
que nos dan opción de oír la televisión. A veces incluso nos
dan de comer. Aunque apostaba que este vuelo, sin embargo,
sería demasiado corto para ver alguna película o para que nos
diesen alguna comida.
Salimos el día 26. Cuando subí al avión, miré alrededor en
busca de Lissa, queriendo hablar con ella. No habíamos
hablado desde el almuerzo de Navidad. No me sorprendió
verla sentada con Christian, y parecían no querer ser
interrumpidos. No podía oír su conversación, pero él tenía su
brazo a su alrededor y ella tenía esa expresión de coquetería
que sólo ella podía brindar. Sigo convencida de que el nunca
la podría cuidar tan bien como yo, pero el claramente la hacia
feliz. Les di una sonrisa y los saludé mientras pasaba a su lado
hasta donde Mason me estaba esperando. Mientras
caminaba, pasé por donde Dimitri y Tasha se sentaban
juntos. Sutilmente los ignoré.

"Hola", dije al sentarme junto a Mason.
Él me sonrió. "Hola. ¿Preparada para el desafío de esquí? "
"Más preparada que nunca."
"No te preocupes", dijo. "Seré suave contigo."
Me mofé y me relajé en el asiento. "Eres tan creído."
"Los chicos sensatos son aburridos."
Para mi sorpresa, deslizó su mano sobre la mía. Su mano
estaba caliente y sentí como mi piel hormigueaba al sentir su
contacto. Me asustó. Estaba convencida de que Dimitri era el
único que me hacía sentir así.
Es hora de pasar página, pensé. Dimitri, obviamente, no esta
interesado. Debería haberlo hecho hace que mucho tiempo.
Entrelacé mis dedos con los de Mason, sorprendiéndolo.
"Será divertido".
Y así fue.
Intenté recordar que estábamos aquí a causa de una tragedia,
que había Strigoi y seres humanos por ahí fuera que podrían
atacar de nuevo. Nadie más parecía recordar esto, sin
embargo, debo admitir, que incluso yo tenía mis dificultades
para recordarlo.
El Resort era magnífico. Estaba construido de forma muy
similar al de una cabaña, pero en una choza de pino no habría
espacio suficiente para tantas personas y no habría
instalaciones tan lujosas. Tres pisos de dorada madera se
alzaban entre los altos pinos. Las ventanas eran altas y
graciosamente arqueadas, pintadas para los Moroi. Lámparas
de cristal - eléctricas, pero con forma de antorcha – colgaban
en la entrada dando a la construcción un brillo, casi como si
fuese una joya.
Las montañas - que mis ojos mejorados apenas podían
distinguir en la noche – nos rodeaban, y apostaba que la vista
quitaría el aliento cuando fuese de día. A un lado estaban las
zonas de esquí, con colinas empinadas y montículos de nieve,
así como los teleféricos. Y al otro lado había una pista de
hielo, lo que me encantó ya que lo había estado deseando
desde el día de la cabaña. Cerca, las montañas estaban
reservadas para los paseos en trineo. Y eso solo era el
exterior.
Dentro, se hicieron todo tipos de arreglos para satisfacer las
necesidades de los Moroi. Los alimentadores estaban

disponibles, preparados para servir las 24 horas del día.
Las pistas funcionaban de noche. Custodias, y guardianes
estaban distribuidos por todo el lugar. Era todo lo que un
vampiro vivo podía desear.
El vestíbulo tenía un techo de catedral y un enorme
candelabro colgaba de el. El suelo estaba hecho de mármol, y
la recepción está siempre abierta, dispuesta a cuidar de todas
nuestras necesidades. El resto del alojamiento, los pasillos y
las habitaciones, tenían una combinación de colores de rojo,
negro y dorado. El tono rojo oscuro predominaba sobre las
demás tonalidades, y me pregunté si la semejanza que tenía
con la sangre era solo una coincidencia. Espejos y cuadros
adornaban las paredes y pequeñas mesas ornamentales
estaban distribuidas por todo el lugar. En ellas había jarrones
de orquídeas púrpuras que impregnaban el aire de un olor
picante.
La habitación que compartía con Lissa era más grande que
nuestras dos habitaciones de la Academia juntas y tenían los
mismos colores que el resto del lugar. La alfombra era tan
afelpada y profunda que me quité los zapatos y caminé por
ella descalza, adorando la manera en que mis pies se hundían
en aquella suavidad.
Teníamos camas King size, con edredones de plumas y tantas
almohadas que juro una persona podía perderse entre ellas y
no se volvería a ver. Unas puertas francesas llevaban a un
amplio balcón, que, teniendo en cuenta que estábamos en la
última planta, sería genial si fuera no hiciese tanto frío.
Sospecho el jacuzzi para dos personas que teníamos era
perfecto para compensar el frío.
Sumida en tanto lujo, llegué a un punto de sobre carga en el
que no quería marcharme de allí. El baño de mármol con
jacuzzi. El televisor de plasma. Una cesta de chocolate y otros
dulces. Cuando finalmente decidimos ir a esquiar, tuve que
prácticamente arrastrarme fuera del cuarto. Probablemente
podría haber pasado el resto de mis vacaciones allí y sería
perfectamente feliz.
Pero finalmente salimos, y cuando logré sacarme a mi madre
y a Dimitri de la cabeza, empecé a divertirme. Ayudó el hecho
de que el lugar era enorme, y tenía pocas posibilidades de
encontrarme con ellos.

Por primera vez en semanas, pude centrarme en Mason y
comprobar lo divertido que era. También pasé más tiempo
con Lissa, lo que mejoró muchísimo más mi estado de ánimo.
Lissa, Christian, Mason y yo, tuvimos una especie de doble
cita. Los cuatro pasamos la mayor parte del primer día
esquiando, aunque los dos Moroi tenían cierta dificultad para
seguirnos. Considerando lo que Mason y yo hacíamos en
clases, el y yo no teníamos reparos a la hora de proponer
nuevos desafíos. Nuestra naturaleza competitiva hacia que
intentásemos superarnos mutuamente.
"Sois unos suicidas", comentó Christian, en algún momento.
Era de noche, y los postes de luz iluminaban su perplejo
rostro.
El y Lissa habían estado esperando en la base de la colina,
mirando como Mason y yo descendíamos. Nos movíamos a
mucha velocidad. La parte de mí que está tratando de
aprender control y sabiduría con Dimitri sabía que era
peligroso, pero el resto de mí disfrutaba con aquella
imprudencia.
Mason sonreía mientras derrapaba en la meta, salpicando
nieve. "No, esto es sólo un calentamiento. Quiero decir, Rose
pudo acompañarme todo el tiempo. Cosa de niños. "
Lissa negó con la cabeza. "¿No os lo estáis tomando muy en
serio?"
Mason y yo nos miramos. "No"
Volvió a negar con la cabeza. "Bueno, nosotros vamos a
entrar. Tratad de no mataros"
Ella y Christian se fueron, enganchados del brazo. Los miré,
entonces me volví a Mason. "Aún aguanto un poco mas. ¿Y
tú? "
"Absolutamente".
Nos dirigimos de nuevo a la cima de la colina. Cuando
estábamos a punto de descender, Mason me llamó.
"Bueno, ¿qué tal eso? Saltamos aquellos montículos, después
saltamos sobre esa cresta, giramos, desviamos aquellos
árboles, y terminamos allí. "
Seguí su dedo que señalaba un camino irregular con unas
cuestas muy empinados y grandes montículos. Fruncí el ceño.
"Eso es realmente una locura, Mase."
"Ah", dijo triunfante. "Te rindes finalmente."

Lo miré enojada. "No me rindo." Después de examinar de
nuevo la ruta, estuve de acuerdo.
"Ok. Vamos."
Hizo un gesto. "Tu primero".
Respiré profundamente y salté. Mis esquís se deslizaban por
la nieve, y un frío viento golpeaba mi cara. Di el primer salto
limpio y preciso, pero en la siguiente parte de la ruta la
velocidad aumento, y me di cuenta de lo peligroso que era.
Tenía que tomar una decisión. En caso de pasar, Mason
tendría razón - y yo quería impresionarle. Si lo conseguía, me
sentiría más segura sobre lo que era capaz de hacer. Pero si lo
intentaba y no lo conseguía... podría romperme el cuello.
En algún lugar de mi cabeza, una voz que se parecía
sospechosamente a la de Dimitri comenzó a hablarme sobre
la opción correcta y de cuando tenía que aprender a ser
moderada.
Decidí hacer caso omiso de la voz y seguir adelante.
El viaje fue difícil, pero lo hice perfectamente, un movimiento
loco tras otro. La nieve volaba a mí alrededor con cada
peligroso giro. Cuando llegué a la meta, miré a la cima y vi a
Mason gesticulando abiertamente. No podía entender sus
palabras, pero podía imaginar sus aplausos. Esperé a que
descendiera.
Pero el no lo hizo. Porque cuando Mason iba por la mitad del
camino no pudo dar uno de los saltos. Sus esquís se quedaron
atrapados y sus piernas giraron. Rodó hacia abajo.
Lo alcancé casi al mismo tiempo que el resto del equipo del
hotel. Para el alivio de todos, Mason no había roto el cuello ni
nada. Parecía que se había torcido un tobillo, lo que
probablemente limitaba las probabilidades de esquiar el resto
del viaje.
Uno de las instructoras se acercó, su rostro lleno de furia.
"¿Se puede saber en que estaban pensando?" Exclamó. Ella se
dirigió a mí. "No puedo creer que hicieras esas maniobras
estúpidas!" Mientras seguía sus ojos se fijaron en Mason. "Y
claro tu tenias que seguirla!"
Quise decir que había sido idea suya, pero en este momento
no importaba de quien era la culpa. Me alegraba de que el
estuviera bien. Pero cuando entramos la culpa empezó a
corroerme. Había actuado de forma irresponsable. ¿Y si el se

hubiese herido de gravedad? Visiones terribles bailaban en mi
mente. Mason, con una pierna rota... con una fractura de
cuello... ¿En que estaba pensando? Nadie me había obligado a
hacer ese recorrido. Mason lo había sugerido... pero yo no me
había negado. Dios sabía que podía haberlo hecho. Tendría
tener que soportar algunas bromas, pero Mason estaba lo
suficientemente loco por mí como que mis dotes femeninas
probablemente hubiesen impedido esa locura. Me había
dejado llevar por la emoción y el riesgo - como cuando había
besado a Dimitri - sin pensar lo suficiente en las
consecuencias porque secretamente, dentro de mí, aquel
impulsivo deseo de ser salvaje todavía seguía vivo. Mason
también lo tenía, y el de él me llamaba.
Aquella voz mental de Dimitri me castigó de nuevo.
Una vez que Mason regresó sano y salvo a su habitación y le
había puesto hielo en el tobillo, llevé nuestro equipo hasta el
almacén. Cuando regresé dentro, pasé por una puerta
diferente que normalmente no usaba. Esta entrada se situaba
detrás de un gran porche de madera con un pasamanos
ornamentado. El porche estaba a un lado de la montaña con
unas vistas de los otros picos y valles de nuestro alrededor
que quitaban el aliento – si permanecías al frío durante el
tiempo suficiente para admirarlo. Lo que la mayoría de la
gente no hacia.
Subí las escaleras del porche, pisando fuertemente para
quitarme la nieve de las botas. Un denso olor, acre y dulce,
estaba en el aire. Algo que me resultaba familiar, pero antes
de que pudiera identificarlo, de repente una voz habló en las
sombras.
"Hola, pequeña dhampir".
Asustada, percibí que alguien estaba en el porche. Un chico,
un Moroi – apoyado contra la pared, no muy lejos de la
puerta. Tenía un cigarrillo en la boca, le dio una larga calada
y, a continuación, lo arrojó al suelo. Pisó el borde y me dio
una sonrisa. Ese olor, pensé. Los cigarrillos de Clavo.
Cuidadosamente, me detuve y crucé los brazos, mientras lo
examinaba. Era algo mas bajo que Dimitri pero no era tan
delgado como algunos de los chicos Moroi. La larga, chaqueta
color carbón - probablemente de algún tipo de cachemir
extremadamente caro- que cubría su cuerpo

excepcionalmente bien, y los zapatos de cuero que vestía
indicaba que tenía mucho dinero. Tenía el pelo marrón que
parecía estar cortado de forma desigual a propósito para que
pareciese un poco descuidado, y sus ojos eran de color azul o
verde - no había la suficiente luz como para saberlo con
certeza. Su rostro era hermoso, y supuse que era algunos años
mayor que yo. Parecía que acababa de salir de una cena.
"¿Sí?", Le pregunté.
Sus ojos examinaron mi cuerpo. Estaba acostumbrada a la
atención de los chicos Moroi. Pero, por lo general, no era tan
evidente. Y normalmente no llevaba ropa de invierno y un ojo
negro asustador.
Se encogió de hombros. "Simplemente decía hola, eso es
todo."
Esperé por más, pero todo lo que hizo fue poner sus manos en
los bolsillos. Encogiéndome de hombros, di algunos pasos
más adelante.
"Sabes, hueles bien", dijo de repente.
De nuevo paré de caminar y le dio una mirada confusa, lo que
sólo hizo que su sonrisa tonta se agrandase un poco más.
"Yo... um, ¿qué?"
"Hueles bien", repitió.
"¿Estás bromeando? He sudado todo el día. Estoy asquerosa."
Quería largarme, pero había algo que me atraía de este chico.
Al igual que el descarrilamiento de un tren. No lo consideraba
atractivo por sí mismo, sólo interesante para hablar.
"El sudor no es malo", dijo, apoyando su cabeza contra la
pared y mirando hacia arriba de forma pensativa. "Algunas de
las mejores cosas de la vida suceden mientras sudamos. Sí, si
sudas mucho y eres viejo y mal oliente, es asqueroso. Sin
embargo, en una bella mujer? Embriagador. Si pudieses oler
las cosas como un vampiro, sabrías de lo que estoy hablando.
La mayoría de las personas lo arruinan todo llenándose de
perfume. El perfume puede ser bueno, especialmente si usas
uno que combina con tu química. Pero sólo se necesita un
poco. Mezcla el 20% de eso con el 80% de tu propio sudor...
mmm." Él inclinó la cabeza a un lado y me miró.
"Mortalmente excitante".
De repente me acordé de Dimitri y su aftershave. Si. Eso era
muy excitante, pero ciertamente no iba a hablarle a este chico

de eso. "Bueno, gracias por la lección de higiene", le dije.
"Pero no tengo ningún perfume, y me voy a quitar todo este
sudor con un baño. Lo siento.
Sacó un paquete de cigarrillos y me ofreció uno. Se me acercó,
lo suficiente para sentir el olor de algo más en él. Alcohol.
Rechacé el cigarrillo y tomó uno para si.
"Mala costumbre", le dije, mientras observaba como lo
encendía.
"Una de muchas", respondió. Inhaló profundamente. "¿Estás
aquí con la San Vlads?"
"Sí"
"Entonces serás una guardiana cuando crezcas".
"Obviamente".
Expiró el humo y observó como desaparecía en la noche. Con
los sentidos avanzados de los vampiros o sin ellos, era
sorprendente que él pudiese sentir el olor de algo cerca del
olor del cigarrillo.
"¿Cuánto tiempo te falta para graduarte?", Preguntó. "Puede
que necesite un guardián".
"Me graduaré en la primavera. Pero ya tengo un protegido. Lo
siento.
Sus ojos brillaron sorprendidos. "¿Si? ¿Quién es?
"Ella es Vasilisa Dragomir.”
"Ah". En su rostro apareció una enorme sonrisa. "Sabía que
eras problemática en cuanto te vi. Eres la hija de Janine
Hathaway."
"Soy Rose Hathaway," Le corregí, no quería ser reconocida
por la fama de mi madre.
"Encantado de conocerte, Rose Hathaway." Me ofreció su
mano y yo se la apreté. “Adrian Ivashkov. "
"Y decías que yo era la problemática", refunfuñé. Los
Ivashkovs eran una de las familias reales, y una de las más
ricas y poderosas. Eran del tipo de personas que creían que
podían tener todo aquello que quisiesen y pasaban por
encima de todo lo que se pusiese en su camino. No era de
extrañar que fuese tan arrogante.
Se rió. Tenía una risa agradable, rica y casi melódica. Me hizo
pensar en caramelo caliente, derramándose de cuchara. "Útil,
¿no? Nuestras reputaciones nos preceden".
Negué con la cabeza. "No sabes nada sobre mí. Y yo sólo sé de

tu familia. No sé nada de ti."
"¿Quieres?" Preguntó con burla.
"Lo siento. No estoy interesada en chicos viejos. "
"Tengo 21. No soy tan viejo".
"Tengo novio." Fue una pequeña mentira. Mason,
ciertamente no era mi novio todavía, pero esperaba que
Adrian me dejase en paz si pensaba que ya estaba
comprometida.
"Es gracioso que no lo mencionaras en su momento,"
reflexionó Adrian. "No fue él el que te puso ese ojo morado,
verdad?
Sentí como me ruborizaba, incluso en el frío. Tenía la
esperanza de que él no notase el ojo, lo que era una estupidez.
Con sus ojos de vampiro, probablemente lo había notado
desde el momento que puse un pie en el pórtico.
"Él no estaría vivo si lo hubiese hecho. Me paso... durante el
entrenamiento. Quiero decir, me estoy formando para ser
guardiana. Nuestras clases siempre son duras".
"Eso es muy excitante ", dijo. Tiró su segundo cigarrillo al
suelo y lo pisó.
"¿Qué te den un puñetazo en el ojo?"
"Bueno, no. Por supuesto que no. La idea de ponerse duro
contigo es excitante. Soy un gran fan de los deportes de
contacto. "
"Seguro que lo eres", le dije secamente. El era arrogante y
presuntuoso, pero aún así no lograba marcharme.
El sonido de pasos detrás de mí me hizo girar. Mia apareció
en el camino y subió las escaleras. Cuando nos vio, se detuvo
de repente.
"Hola, Mia."
Nos miró.
"Otro chico?" Preguntó. Por su tono, se podría pensar que
tenía mi propio harén de hombres.
Adrian me dio una mirada interrogatoria y divertida. Apreté
los dientes y decidí no responder. Opté por la educación, lo
que no me caracterizaba.
"Mia, este es Adrian Ivashkov".
Adrian uso el mismo encanto que había utilizado conmigo. Se
estrecharon las manos.
"Siempre es un placer con amigos de Rose, especialmente una

tan hermosa." Habló como si el y yo nos conociéramos desde
la infancia.
"No somos amigas", le dije. Ahí se esfumó toda la educación.
"Rose sólo sale con chicos y psicópatas", dijo Mia. Su voz
tenía el desprecio habitual que ella usaba conmigo, pero había
una mirada en su cara que mostraba claramente que Adrian
le interesaba.
"Bueno", dijo el alegremente: "Ya que soy un psicópata y un
hombre, eso explica por qué ella y yo somos buenos amigos".
"Tú y yo tampoco somos amigos", le dije.
Se rió. "Siempre lo pones difícil, eh?"
"Ella no es tan difícil", dijo Mia, claramente molesta por que
Adrian se centraba mas en mi.
"Pregúntale a la mitad de los chicos de nuestra escuela."
"Sí", le dijo, "y a la otra mitad le puedes preguntar por Mia. Si
puedes hacerle un favor, ella hará más por ti." Cuando nos
declaró la guerra a Lissa y a mí, Mia había conseguido que 2
chicos le contasen a toda la escuela que yo había hecho cosas
horribles con ellos. Lo irónico fue que ella consiguió que
mintiesen al acostarse con ellos.
Una sombra de vergüenza cruzó su cara, pero se recompuso.
"Bueno", dijo, "por lo menos no lo hago gratis".
Adrian hizo un ruido de gatos.
"¿Terminaste?", Le pregunté. "Ya te pasó la hora de acostarte,
y a los adultos les gustaría hablar ahora." La juventud de Mia
era una dolorosa herida para ella, una que a mi me gustaba
utiliza con frecuencia.
"Claro", dijo resueltamente. Sus mejillas habían enrojecido,
intensificando su apariencia de muñeca. "De todas formas
tengo cosas mejores que hacer." Se giró y se fue hasta la
puerta, y entonces se detuvo. Miró a Adrian. "Sabes, su madre
es la responsable de su ojo morado. "
Entró. La elegante puerta de cristal se cerró detrás de ella.
Adrián y yo nos quedamos en silencio. Por último, cogió otro
cigarrillo y lo encendió. "¿Tu madre?
"Cállate".
"Eres una de esas personas que tienen o almas gemelas o
enemigos mortales, ¿no? Ningún término medio. Vasilisa y tú
probablemente sois como hermanas, ¿verdad? "
"Supongo".

"¿Cómo está ella?"
"¿Eh? ¿Qué quieres decir?"
Se encogió de hombros, como si no importase, y tengo que
decir que estaba exagerando al parecer informal. "No sé.
Quiero decir, sé que os escapasteis... y todo aquello que
sucedió con su familia y Víctor Dashkov... "
Me tensé al oír el nombre de Víctor. "¿Y?"
"No sé. Sólo pensé que era demasiado para ella, ya sabes,
hacer frente. "
Lo estudié con calma, preguntándome a donde quería llegar.
Había unas pequeñas fugas sobre el frágil salud mental de
Lissa, pero se habían contenido. La mayor parte de la gente lo
había olvidado o pensaban que era mentira.
"Me tengo que ir." Decidí que evitarlo en este momento era la
mejor táctica.
"¿Estás segura?" Parecía un poco decepcionado. Pero sobre
todo parecía tan arrogante y divertido como antes. Algo sobre
el me cautivaba, pero sea lo que sea no era suficiente como
para contrarrestar todo lo que estaba sintiendo, o para
arriesgarme a hablar de Lissa. "Pensé que era el momento
para hablar de los adultos. Y hay muchas cosas de adultos de
las que me gustaría hablar".
"Es tarde, estoy cansada, y tus cigarrillos me están dando
dolor de cabeza," gruñí.
"Supongo que es justo." Fumó un poco más y soltó el humo.
"Algunas mujeres piensan que me hace parecer sexy".
"Creo que fumas para tener tiempo y así pensar en tu próxima
frase graciosa".
Se asfixió con el humo, atrapado entre la inhalación y la risa.
"Rose Hathaway, no puedo esperar para verte de nuevo. Si
eres tan encantadora cuando estás cansada e irritada y tan
linda manchada y con ropas de esquí, debes de ser
devastadora cuando estás bien. "
"Si por "devastadora" entiendes que debes temer por tu vida,
entonces sí. Tienes razón. "Abrí la puerta. "Buenas noches,
Adrian."
"Nos vemos más tarde".
"Difícilmente. Te lo dije, no me interesan los chicos mayores".
Entré. Cuando las puertas se cerraron, le oí llamarme por
detrás, "Claro que no. "




















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