Capitulo 7 y 8
Capitulo 7
Irritada empujé las puertas que conducían al dormitorio de
los Moroi. La nieve se arremolinó detrás de mí y algunas
personas me observaron mientras entraba. No me sorprendió
que varios de ellos me mirasen dos veces. Tragando
fuertemente, me obligué a no reaccionar. Todo estaría bien.
No tenía por que enloquecer. Los novatos nos heríamos todo
el tiempo. Lo raro era no mancarse. Tengo que reconocer que
esto era más evidente que la mayoría de las lesiones, pero
podría vivir con ella hasta que se curase, ¿verdad? Y no era
como si alguien supiese como me lo había hecho.
"Ey Rose, es cierto que tu madre te golpeó?"
Me congelé. Reconocería esa voz de soprano en cualquier
lugar. Girándome lentamente, miré a los profundos ojos
azules de Mia Rinaldi. Rizado cabello rubio enmarcaba su
rostro que sería lindo si no tuviese esa maliciosa sonrisa.
Un año más joven que yo, Mia se había confrontado con Lissa
(y conmigo por defecto) en una guerra para ver quien podía
arrasar con la vida de la otra más rápido - una guerra, debo
añadir que ella comenzó. Le había robado el ex-novio de Lissa
- a pesar de que Lissa finalmente había decidido que no lo
quería - y había difundido todo tipo de rumores.
Lo admito, el odio de Mia no era injustificadado. El hermano
mayor de Lissa, André - que murió en el mismo accidente de
coche que técnicamente me "mato" – había utilizado a Mia
cuando ella era una estudiante de primer año. Si no fuese por
que ahora era una zorra, sentiría lástima por ella. El había
actuado incorrectamente, y aunque podía entender su rabia,
no creo que sea justo que lo pague con Lissa, tal y como ella
hizo.
Lissa y yo técnicamente al final habíamos ganado la guerra,
pero Mia inexplicablemente había conseguido volver a la
cima. No andaba con la misma élite que andaba antes, pero
había construido un pequeño contingente de amigos.
Maliciosos o no, los líderes fuertes siempre atraen seguidores.
Descubrí, que el 90% de las veces, la respuesta más eficaz era
ignorarla. Pero había terminado de cruzar el otro 10% porque
era imposible ignorar a alguien que le estaba anunciando a
todo el mundo que tu madre te había golpeado - incluso si eso
era cierto. Dejé de caminar y me giré. Mia se detuvo cerca de
una máquina expendedora, a sabiendas de que había llamado
mi atención. No me preocupé en preguntar cómo sabía que
mi madre me había dejado un ojo morado. Las cosas
raramente se quedaban en secreto por aquí.
Cuando vio mi cara, sus ojos crecieron con deleite. "Vaya.
Hablando de una cara que sólo una madre podría amar".
Ha. Que bueno. Se fuese alguna otra persona le hubiese
aplaudido la broma.
"Bueno, tu eres una especialista en lesiones en la cara", le
dije. "¿Cómo está tu nariz?"
La helada sonrisa de Mia se torció un poco, pero no se dio por
vencida. Le había roto la nariz hace un mes- en el baile de
entre todos los sitios posibles, - y aunque la nariz ya se había
curado, ahora estaba un poco torcida. La Cirugía Plástica
probablemente se lo hubiese arreglado, pero según tenía
entendido con el poco dinero que tenía su familia, de
momento eso no era posible.
"Está mejor", respondió con remilgo. "Afortunadamente, me
lo rompió una perra psicótica, y no alguien de la familia. "
Le di mi mejor sonrisa psicótica. "Qué mal. La familia te
puede golpear por accidente. Las perras psicóticas tienden a
volver por más."
Amenazarla con violencia física suele ser una buena táctica
con ella, pero teníamos muchas personas a nuestro alrededor
como para ser una preocupación legítima para ella. Y Mia lo
sabía. No es que no atacase a alguien en esas condiciones -
diablos, yo hacia eso muchas veces - pero estaba intentando
mantener mi palabra de intentar controlar mis impulsos.
"A mí no me parece un accidente", dijo. "¿No tenéis normas
que prohíben golpear en la cara? Quiero decir, eso parece
realmente fuera de las fronteras."
Abrí la boca para responderle, pero nada salió. Tenía razón.
Mi lesión era fuera de las fronteras; en este tipo de combate,
no se puede golpear por encima del cuello. Esto era muy por
encima de la línea prohibitiva.
Mia vio mi vacilación, y era como si el mañana de Navidad
hubiese llegado una semana antes para ella. Hasta ese
momento, creo que nunca antes en nuestra relación
antagónica me había dejado sin palabras.
"Niñas", dijo una áspera voz femenina. La Moroi que atendía
la recepción nos lanzó una mirada penetrante. "Esto es un
pasillo no una sala. Decídanse, o entren o salgan".
Por un segundo, romperle la nariz a Mia de nuevo parecía la
mejor idea del mundo - al infierno con la detención o
suspensión. Después de respirar profundamente, decidí que
irme era lo correcto. Fui hasta las escaleras y subí hasta las
habitaciones de las niñas. Por encima de mi hombro, oí lo
que me decía Mia, "No te preocupes, Rose. Desaparecerá.
Además, a los chicos no es tu cara lo que les interesa."
Treinta segundos más tarde, golpeé la puerta de Lissa con
tanta fuerza que me sorprendió que mi muñeca no hubiese
roto la madera. Abrió lentamente mirando alrededor.
"¿Fuiste tu? Pensé que era un ejército de - Oh Dios mío." Sus
cejas se elevaron cuando vio mi cara. "¿Qué pasó?"
"¿No lo has oído? Debes de ser la única de la academia que no
lo sabe", me quejé. "Déjame entrar y te cuento".
Acostándome en su cama, le conté todo lo que había pasado.
Se horrorizó.
"Escuché que te habías herido pero pensé que era sólo una de
las cosas normales," dijo.
Miré al techo, sintiéndome miserable. "La peor parte es que
Mia tenía razón. No fue un accidente."
"¿Estás diciendo que tu madre lo hizo a propósito?" Cuando
no le respondí, la voz de Lissa se llenó de incredulidad.
"Vamos, ella no haría eso. De ninguna manera. "
"¿Por qué? Porque ella es la perfecta Janine Hathaway,
maestra en controlar su temperamento? A veces, también es
la perfecta Janine Hathaway, maestro de la lucha y del
control de sus acciones. De una manera u otra, se equivocó. "
"Sí, bueno," dijo Lissa, "Creo que tropezar y perder la fuerza
es más probable que de que lo hiciera a propósito. Tendría
que perder la calma de verdad para hacerlo a propósito."
"Bueno, ella estaba hablando conmigo. Eso es suficiente para
que cualquiera pierda la paciencia. Y yo la acusé de acostarse
con mi padre porque era una buena opción evolutiva."
"Rose", murmuró Lissa. "Creo que olvidaste contarme eso.
Porque le dijiste eso? "
"Por que probablemente sea cierto".
"Pero tendrías que haber sabido que eso la irritaría. Porque la
provocaste?. Porque no puedes hacer las paces con ella? "
Me senté. "Hacer las paces con ella? Me puso un ojo morado.
Probablemente a propósito. ¿Cómo puedo hacer las paces con
alguien así? "
Lissa sólo negó con la cabeza y caminó hasta el espejo para
mirar su maquillaje. Los sentimientos a través de nuestra
conexión eran de frustración y exasperación. Vacilando en el
fondo tenía un poco de anticipación, también. Ahora que ya le
había contado todo, tuve la paciencia necesaria para
examinarla. Llevaba una blusa de seda morada y una falda
negra que le llegaba hasta las rodillas. Su pelo largo tenía una
perfección que sólo se conseguía con horas de dedicado
trabajo con el secador y cepillo.
"Estás estupenda. ¿Qué sucede? "
Sus sentimientos cambiaron un poco, su irritación conmigo
disminuyó. “ Después voy a quedar con Christian".
Durante varios minutos, me había sentido como en los viejos
tiempos, solamente Lissa y yo. Sólo nosotras, quedando y
hablando. Al mencionar a Christian, así como la compresión
de que ella me dejaría pronto para ir con el, provocó
sentimientos negros en mi pecho... sentimientos que tenía
que admitir a regañadientes que eran celos. Naturalmente, no
le dije nada.
"Vaya ¿Y que hizo para que te prepares así? Rescató
huérfanos de un edificio en llamas? Si lo hizo, mejor
asegúrate de que no fue él el que prendió las llamas." El
elemento de Christian es el fuego. Estaba de acuerdo ya que
era el más destructivo.
Riendo, se volvió del espejo y tocó suavemente mi cara
hinchada con sus dedos. Sonrió suavemente. "No está tan
mal."
"Lo que sea. Sabes, puedo saber cuando estás mintiendo. Y la
Dr. Olendzki dijo que mañana estaría peor." Me acosté en la
cama. "Probablemente no haya en el mundo maquillaje
suficiente para ocultarlo, no crees? Tasha y yo tendremos que
invertir en algún tipo de máscaras al estilo del fantasma de la
ópera. "
Suspiró y se sentó en la cama, cerca de mí. "Es una pena que
no pueda curarte".
Sonreí. "Eso sería agradable".
La coacción y su carisma obtenidos por el Espíritu eran
geniales, pero en verdad, curar era su habilidad mas increíble.
La cantidad de cosas que podía hacer es sorprendente.
Lissa también estaba pensando en lo que el Espíritu podía
hacer. "Me gustaría que hubiese otra forma de controlar el
Espíritu... una forma que me permitiese usar magia..."
"Sí", le dije. Comprendía su deseo de hacer grandes cosas y
ayudar a las personas. Irradiaba de ella. Bueno, y también
quería que mi ojo sanase al instante y no que le llevase días.
"Yo también lo deseo."
Ella suspiró de nuevo. "Hay más del justo deseo de curar y
hacer otras cosas con el Espíritu. Yo también, bueno, echo de
menos la magia. Aún está ahí, pero simplemente bloqueada
por las píldoras. Me está quemando por dentro. Ella me
quiere y yo la quiero. Pero hay una pared entre nosotras. No
puedes imaginarlo".
"En realidad si puedo."
Era verdad. Junto con tener una idea general de sus
sentimientos, a veces podía “entrar en ella". Es difícil de
explicar y aún más difícil de soportar. Cuando esto sucedía, yo
podía ver, literalmente, lo que ella veía y sentir lo que ella
sentía. En esos momentos, era ella. Muchas veces, si estaba
en su cabeza cuando ella deseaba la magia, podía sentir ese
deseo del que estaba hablando. A menudo se despertaba de
noche, deseando el poder que no podía soportar.
"Oh, es verdad", dijo con tristeza. "A veces lo olvido."
Un sentimiento de amargura creció en ella. No se dirigía
hacia mí, sino a su situación. La ira apareció en su interior.
No le gustaba sentirse indefensa. La ira y la frustración se
convirtieron en algo más oscuro y feo, algo que no megustaba.
"Oye", le dije, tocando su brazo ella. "¿Estás bien?"
Rápidamente cerró los ojos, y los abrió. "Es que odio eso"
La intensidad de sus sentimientos me recordó nuestra
conversación, la que habíamos tenido antes de que me fuera
a la casa de los Badica. "¿Sigues sintiendo que las píldoras no
te hacen efecto? "
"No sé. Un poco. "
"Es cada vez peor?"
Negó con la cabeza. "No. Todavía no puedo usar magia. Me
siento más cerca de ella… pero sigue estando bloqueada. "
"Pero todavía... tus estados de ánimo... "
"Es... están actuando. No te preocupes", dijo, al ver mi cara.
"No estoy viendo cosas o tratando de lastimarme".
"Excelente." Estaba feliz de escuchar eso, pero aún estaba
preocupada. Incluso si no podía usar magia, no me gustaba la
idea de que su estado mental no estaba bien de nuevo.
Desesperadamente, esperaba que la situación se estabilizará
por si sola. "Estoy aquí ", le dije suavemente, sosteniendo su
mirada. "Si algo raro sucede... solo tienes que decírmelo, ¿de
acuerdo? "
A medida que esos sentimientos oscuros desaparecían de ella,
sentí una extraña onda en la conexión. No podía explicar lo
que era, pero temblé con fuerza. Lissa no lo había notado. Se
animó de nuevo, y me sonrió.
"Gracias", dijo. "Lo haré".
Sonreí, feliz de verla regresar a la normalidad. Nos quedamos
en silencio, y por un breve momento, quería contarle lo que
pasaba en mi mente. Últimamente tenía tantas cosas en la
cabeza: mi madre, Dimitri, y la casa de los Badica. Estaba
bloqueando esos sentimientos dentro de mí, y me estaban
matando. Ahora, me sentía tan a gusto con Lissa por primera
vez en tanto tiempo, que finalmente sentí que podía hablar
con ella sobre mis sentimientos.
Antes de que pudiera abrir mi boca, sentí cambiar sus
pensamientos. Estaba nerviosa y ansiosa. Había algo que
quería contarme, algo en lo que había estado pensando. Y ahí
se fue mi oportunidad de desahogarme. Si ella quería hablar,
yo no la molestaría con mis problemas, los dejé de lado y
esperé que hablase.
"He encontrado algo en mi búsqueda con la Sra. Carmack.
Algo extraño ... "
"Oh?" Pregunté.
Los Moroi normalmente adquieren su especialización durante
la adolescencia. Después de eso, son colocados en clases
especializadas para cada elemento. Pero como era la única
usuaria de Espíritu por el momento, Lissa no tenía una clase a
la que unirse. La mayoría de la gente creía que no se había
especializado en nada, pero ella y la Sra. Carmack – la
profesora de magia de la San Vladimir - se reunían para
aprender lo que podían sobre el Espíritu. Buscaban en los
registros nuevos y antiguos, en busca de pistas que les
guiasen hasta otros usuarios del Espíritu, ahora que ya sabían
que algunas de las marcas: la incapacidad de especializarse,
inestabilidad mental, etc.
"No encontré ningún usuario del Espíritu, pero encontré
informes..., de, unos, fenómenos inexplicables".
Parpadeé sorprendida. "¿Qué tipo de cosas?" Pregunté,
reflexionando sobre lo que se podría llamar "fenómeno
inexplicable" para los vampiros. Cuando ella y yo habíamos
vivido con los humanos, nosotras seríamos fenómenos
inexplicables para ellos.
"Hay varios informes... pero, no se, leí acerca de un hombre
que podía hacer que la gente viese cosas que no estaban allí.
Podía hacer creer a la gente que estaban viendo monstruos u
otras personas y cosas así.
"Esta puede ser una coacción".
"Coacción realmente poderosa. Yo no podría hacer eso, y soy
fuerte - o lo era – más que cualquier otro que conozcamos. Y
ese poder viene de utilizar el Espíritu... "
"Entonces," terminé ", crees que ese ilusionista también es un
usuario del Espíritu". Se mostró de acuerdo. "¿Por qué no
habláis con él y lo averiguáis?"
"Por qué no tenemos información al respecto, es secreto. Y
hay otras cosas extrañas. Como alguien que puede drenar
físicamente a otros. Las personas que estaban a su lado se
debilitan y pierden toda su fuerza. Pierden el conocimiento. Y
había otra persona que podía detener objetos en el aire
después de lanzarlos." La emoción iluminó sus rasgos.
"Podría ser un usuario de aire," mencioné.
"Tal vez", dijo. Podía sentir la curiosidad y la emoción a través
de ella. Ella quería creer con desesperación que había otros
que también eran usuarios de Espíritu.
Sonreí. "¿Quién sabe? Los Moroi tienen su propio Roswell - y
también un área 51. Es sorprendente que no me estén
estudiando para entender nuestra conexión".
El humor especulativo de Lissa se convirtió en provocación.
"Algunas veces me gustaría poder leer tu mente. Me gustaría
saber lo que sientes por Mason. "
"Él es mi amigo” dije muy seria y sorprendida por el cambio
brusco de tema. "Sólo eso".
"Acostumbrabas ligar - y hacer otras cosas - con un cualquier
chico que caía en tus manos. "
"Ey!" dije, ofendida. "No era tan mala."
"Ok. Tal vez no. Pero no pareces tan interesada en los chicos.
"
Si que estaba interesado en los chicos - bueno, un chico.
"Mason es muy bueno", continuó. "Y está loco por ti".
"Si, lo está," Estuve de acuerdo. Pensé en Mason, en los
breves momentos en que pensé que era sexy cuando
estábamos en la clase de Stan. Además, Mason era muy
divertido, y nos llevábamos muy bien. Él no era una mala
opción.
"Sois muy parecidos. Y los dos hacéis cosas que no deberíais.
"
Me reí. Eso también era cierto. Recordé la fuerte voluntad de
Mason, de acabar con todos los Strigoi del mundo. Puede que
yo no este preparada para eso - a pesar de mi explosión en el
coche – pero aún así compartía algún de sus descuidos.
Quizás es hora de darle una oportunidad, pensé. Bromear con
el era muy divertido, y hacia mucho tiempo que no besaba a
alguien. Dimitri hacia que mi corazón se descontrolase...
pero, bueno, no es como si sucediese algo más.
Lissa me miró de forma evaluatoria, como si supiese que
estaba pensando - así, fuera el tema de Dimitri. "Le oí decir a
Meredith que eras una idiota para no salir con él. Ella dice
que es porque piensas que eres demasiado buena para él".
"¿Qué! Eso no es cierto".
"Oye, yo no dije eso. De todos modos, dice que está pensando
ir detrás de él".
"Mason y Meredith?" Me burlé. "Sería un desastre. No tienen
nada en común. "
Era mezquino, pero me había acostumbrado a tener a Mason
siempre mirándome. De repente, la idea de que el mirase a
otra me disgustó.
"Eres posesiva", dijo Lissa, adivinando mis pensamientos de
nuevo. No me extrañó que a ella le molestase tanto que leyera
sus pensamientos.
"Sólo un poco."
Se rió. "Rose, aunque no sea con Mason, deberías comenzar a
salir de nuevo. Hay muchas chicos que matarían por salir
contigo - chicos que son legales."
No siempre había elegido la mejor opción cuando se trataba
de hombres. Otra vez, me inundó la voluntad de hablarle de
mis problemas. Durante mucho tiempo había tenido muchas
dudas acerca de contarle lo que sentía por Dimitri. Estar
ahora con ella, me recordó que ella era mi mejor amiga.
Podría contárselo todo, y ella no me juzgaría. Pero al igual
que antes, perdí la oportunidad de contarle todo lo que estaba
pasando por mi mente.
Ella miró su despertador y se levantó de repente de la cama.
"Voy a llegar tarde! Tengo que reunirme con Christian!"
La felicidad la llenó, con una nerviosa anticipación. Amor.
¿Qué podría hacer? Tragué de nuevo los celos que
comenzaron a crecer en mi mente. Una vez más, Christian la
alejaba de mí. Esta noche no sería capaz de contárselo.
Lissa y yo salimos de la habitación, y ella prácticamente salió
corriendo, prometiendo que mañana hablaríamos. Caminé de
vuelta a mi dormitorio. Cuando llegué a mi habitación, me
puse delante del espejo y observé mi cara. Una marca roja me
rodeaba el ojo. Hablar con Lissa, casi me hizo olvidar el
incidente con mi madre. Deteniéndome para dar un vistazo
más de cerca, me miré fijamente. Tal vez fuese egoísta, pero
sabía que me veía bien. Usaba una talla grande de sujetador y
tenía un cuerpo muy deseado en una escuela donde la
mayoría de las chicas eran delgadas como súper modelos. Y
como había notado, mi cara también era bonita. En un día
normal, aquí yo era un 9 - 10 en uno de mis mejores días.
Pero hoy? Si. Casi estaba en números negativos. No estaría
perfecta para el viaje de esquí.
"Mi madre me golpeó," le conté a mi reflejo. Quien me miró
con compresión.
Con un suspiro, decidí que era mejor preparado para
acostarme. No tenía nada más que hacer, tal vez unas horas
de sueño extra apurasen el proceso de curación. Fui al baño,
me lavé la cara y me cepillé el pelo. Cuando regresé a mi
habitación, me puse uno de mis pijamas favoritos. La suave
tela me animó.
Estaba preparando mi mochila para mañana, cuando de
repente una ola de emociones me inundó a través de la
conexión con Lissa. Me agarró desprevenida y no me dio
oportunidad de resistirme. Era como ser derrumbada por la
fuerza de un huracán, y de repente ya no estaba viendo mi
mochila. Estaba "dentro" de Lissa, experimentando su mundo
de primera mano.
Y fue ahí cuando las cosas se pusieron embarazosas.
Por qué estaba Lissa con Christian.
Y las cosas estaban... calientes.
Capitulo 8
Christian LA ESTABA BESANDO, y WOW, eso si era un
beso. Él no se andaba con rodeos. Ese es el tipo de beso que
no se les debería permitir ver a los niños pequeños.
Maldición, era el tipo de beso que no se debía permitir ver,
y mucho menos experimentarlo a través de un enlace
psíquico.
Como había señalado antes, las emociones fuertes de Lissa
podían hacer que sucediera este fenómeno, me tiraba
dentro de su cabeza. Pero siempre, siempre, era porque tenía
sentimientos negativos. ¿Pero esta vez? Ella no estaba nada
molesta.
Ella estaba feliz. Muy, muy feliz.
El lugar había sido un refugio para ellos dos, cuando se
sintieron antisociales y querían escapar. Finalmente, habían
decidido hacerse antisociales juntos, y una cosa dio lugar a
otra. Des de que lo hicieron público, yo no sabía que pasaran
su tiempo aquí. Tal vez estén de vuelta por los viejos
tiempos.
Y de hecho, parecía que estuvieran celebrando algo. Velas
aromáticas colocadas alrededor del polvoriento y viejo sitio,
que llenaban el aire con un perfume de lilas. Hubiera
estado un poco nerviosa por la cantidad de velas que habían
en un siento con tanta cantidad de libros y cajas
inflamables, pero probablemente Christian creía que podía
controlar cualquier accidente que pasara con el fuego.
Finalmente, rompieron su apasionado y largo beso y se
miraron el uno al otro. Se dejaron caer de lado en el suelo.
Habían extendidas varias mantas debajo de ellos.
La cara de Christian estaba abierta y blanda cuando miro a
Lissa, sus ojos azules y pálidos radiaban de un emoción
interna. Era distinto a la manera en que me miraba
Mason. Había cierta adoración en él, pero Mason se parecía
más a cuando vas andando por una iglesia y te cae encima el
temor y el miedo de algo que adoras pero que realmente no
entiendes. Christian adoraba claramente a Lissa a su manera,
pero hubo un destello que recorrió sus ojos, las sensación de
que los dos compartían en si una comprensión de una
manera tan perfecta y poderosa que ni siquiera necesitaban
las palabras para expresarse-¿No crees que vamos a ir al infierno por hacer esto?- le
pidió Lissa.
Él la alcanzó y le toco la cara, arrastrando los dedos a lo
largo de su mejilla y bajando por el cuello hasta llegar a la
parte superior de su camisa de seda. Ella respiraba
pesadamente ante ese contacto, era tan suave y pequeño,
sin embargo evocaba una pasión tan fuerte dentro de ella
-¿Por esto?- Jugó con el borde de la camiseta, dejando que su
dedo apenas rozara el interior.
-No.- ella se rió –Por esto- Ella señalo el ático que les
rodeaba. –Esto es una iglesia. No deberíamos de hacer,
mmm, esta clase de cosas aquí arriba.-
-No es verdad- Él discutió. Suavemente, le empujo la
espalda y se inclino sobre ella. – La iglesia está debajo. Esto
es solo el almacén. Dios no lo tendrá en cuenta.-
-No crees en Dios- le riño. Sus manos se abrieron paso por
su pecho. Sus movimientos eran tan ligeros y deliberados
como los suyos, con todo, provocando claramente la misma
respuesta en él.
Él suspiro de alivio cuando deslizo sus manos bajo la
camisa y hasta su estomago. –Estoy bromeando-
-Tú dirías cualquier cosa ahora- ella le acusó. Sus dedos
cogieron el borde de la camisa y la empujaron hacía arriba.
Él cambio la postura de manera que ella le pudiera sacar la
camisa y después se inclino encima de ella, juntando su
pecho desnudo.
-Tienes razón- Él cuidadosamente desabrocho el botón de la
blusa. Sólo uno. Entonces se volvió a inclinar hacía abajo y le
dio uno de esos besos duros, profundos. Cuando cogió aire de
nuevo, continuo como si nada hubiera ocurrido. – Dime lo
que necesites escuchar, y lo diré.-Él desabotonó otro botón.
- No hay nada que necesite escuchar- Ella rió. Otro botón ya
estaba libre.- Puedes decírmelo quieras, estará bien siempre
que sea la verdad.-
-La verdad ¿Eh? Nadie quiere oír la verdad. La verdad
nunca es sexy. Pero…- El último botón salió, y él separo la
camisa lejos. –Eres demasiada malditamente sexy para ser
real.-
Sus palabras sonaron en un tono sarcástico, pero sus ojos
trasmitían un mensaje completamente distinto. Yo estaba
viendo toda esta escena a través de los ojos de Lissa, pero
me podía imaginar lo que vio. Su suave blanca piel. La
esbelta cintura y la cadera. Un sujetador de encaje blanco. A
través de ella pude sentir que el encaje le picaba, pero no le
presto atención.
Las sensaciones encariñadas y hambrientas se extendieron
por toda ella. Dentro de Lissa, podía sentir como su corazón
y respiración se aceleraba. Emociones similares le pasaban a
Christian, nublando el resto de los pensamientos coherentes.
Desplazándose hacía abajo, él se puso encima de ella,
presionando sus cuerpos juntos. Su boca buscó la suya de
nuevo, y sus labios y lengua entraron en contacto, Sabía que
tenía que salir de allí.
Porque ahora lo entendía todo. Entendía porque Lissa se
había vestido así y porque el nido de amor estaba decorado
como una sala de exposición de velas aromáticas. Esto es lo
que era. El momento. Después de un mes de encuentros,
iban a tener relaciones sexuales. Lissa, yo sabía, lo había
hecho antes con su exnovio. Yo no sabía lo que había hecho
Christian en el pasado, pero, sinceramente, dudé mucho de
que las niñas hubieran caído ante su encanto abrasivo.
Pero en la sensación que recibía de Lissa, yo podía decir que
eso no le importó. No en ese momento. En ese momento tan
sólo estaban ellos dos y la forma en que se sentían uno
sobre el otro ahora mismo. Y en una vida llena de
preocupaciones que alguien de su edad debería haber
tenido, Lissa se sentía absolutamente segura de lo que
estaba haciendo. Era lo que quería. Lo que había deseado
hacer con él des de hace mucho tiempo.
Y yo no tenía derecho de ser testigo de eso.
¿ Era una broma? Yo no quería ser testigo. No tengo
ningunas ganas de ver a otras personas encendidas, y puedo
asegura por el infierno que no quiero experimentar sexo con
Christian. Era como prácticamente perder mi virginidad.
Pero por Jesucristo, Lissa no es que me lo estuviera
poniendo fácil para salir de su cabeza. Ella no deseaba
separarse de sus sentimientos y emociones, y cuanto más
fuerte crecían, más fuerte me sostenían. Intentando
distanciarme de ella, centre mis esfuerzos a volver en mi
misma, concentrándome tan fuerte como pude.
Más ropa desapareció…
¡Vamos, vamos! Me dije severamente.
El condón salió…
Tú eres una persona propia, Rosa. Vuelve a tu cabeza
Sus miembros entre sí, sus cuerpos se movían juntos…
¡Hijo de…
Entonces salí de ella y volví de nuevo a mí. Un vez más,
estaba de regreso a mi habitación, pero yo ya no tenia
ningún interés en embalar mi mochila. Mi mundo entero se
bloqueo. Me sentía insegura, extraña, violada, casi insegura
de si yo era Rosa o si era Lissa. También sentí resentimiento
hacía Christian otra vez. No quería tener relaciones sexuales
con Lissa, pero había una punzada dentro de mí, frustrada
por la sensación de que ya no era el centro de su mundo.
Dejando intacta la mochila, me fui directa a la cama,
envolviendo mis brazos a mí alrededor y apretándome en una
bola para intentar silenciar el dolor de mi pecho.
Me dormí muy rápidamente y me desperté temprano como
resultado de ello. Normalmente, me tenían que sacar de la
cama para ir con Dimitri, pero hoy me adelante lo suficiente
para ganarlo en el gimnasio. Mientras le esperé, vi a Mason
cortando a través de uno de los edificios de las aulas.
-Wow-le llamé –¿Des de cuando te levantas tan temprano? –
-Des de que tengo que hacer un examen de matemáticasdijo,
caminando hacía mí. Me dio una sonrisa maliciosa. –
Puede que valga la pena saltármelo, para pasar el rato
contigo.-
Me reí, recordando mi conversación con Lissa. Sí,
definitivamente hay cosas peores que podría hacer que ligar
y empezar algo con Mason.
-Nah. Podrías tener problemas, entonces no podría tener un
verdadero desafío en las pistas.-
Hizo rodar los ojos todavía sonriendo. - Yo no soy el
verdadero reto ¿recuerdas?-
-¿Estas listo para apostarte algo aún?¿O tienes demasiado
miedo?-
-Cuidado- me advirtió- O podría ser que devolviera su regalo
de Navidad-
-¿Me conseguiste un regalo?- No me lo había esperado.
-Sí. Pero vigilaría lo que dices, podría dárselo a alguna otra.-
-¿Como a Meredith?- Bromeé
-Ella ni siquiera juega en tu liga, y tú lo sabes.-
-¿Incluso con un ojo morado?- Le pregunté con una mueca.
-Incluso con dos ojos morados.-
La mirada que me dio en ese momento no era de burla o
incluso realmente sugestiva. Era agradable. De amistad e
interesada. Como él realmente quería. Después de todo el
estrés anterior, me gustó que le importara a alguien. Y con el
descuido estaba empezando a sentir a Lissa, también me di
cuenta del gusto que daba que alguien quisiera poner tanta
atención en mí.
-¿Qué haces por Navidad?-le pregunté
Él se encogió de hombros.-Nada. Mi mama hubiera venido,
pero tuvo que cancelarlo en el último momento… ya sabes,
con todo lo que paso.-
La madre de Mason no era guardiana. Ella era un dhampir
que había decidido nacionalizarse y tener hijos. Como
resultado de ello, yo sabía que él la veía poco. Es irónico,
pensé, que en realidad mi mama estaba aquí, pero era como
si estuviera en cualquier otro lugar.
-Ven conmigo- Le dije de manera impulsiva. –Voy a estar
con Lissa, Christian y su tía. Será divertido.-
-¿En serio?-
-Muy divertido-
-Eso no era lo que te estaba preguntando-
Hice una mueca. –Ya lo sé. Sólo ven ¿ok?-
Él me hizo una de sus galanes reverencias que tanto le
gustaba hacerme. –Claro que sí-
Mason se fue vagando sólo en cuanto Dimitri apareció para
nuestra práctica. Hablar con Mason había hecho sentirme
vertiginosamente feliz, no había pensado absolutamente en
mi cara con él. Pero con Dimitri, de repente me conciencié.
No quería ser menos perfecta para él, y caminamos hacía
dentro, salí de su camino para evitar que me mirará la cara y
no pudo verme completamente. Preocuparme por esto hizo
que mi ánimo bajara y cayó en picado, el resto de cosas que
me habían ido trastornando cayeron sobre mi espalda.
Volvimos a la sala de entrenamiento con los maniquíes, y él
me dijo que quería que simplemente practicara las
maniobras de hacía dos días. Feliz de que no fuéramos a
luchar, me puse en mi trabajo de una manera ardiente, los
maniquíes mostrarían exactamente lo que sucedería si te
metes con Rose Hathway. Sabía que mi furia en la lucha fue
encendida por algo más que por el simple deseo de hacer el
bien. Mis sentimientos estaban fuera de control está
mañana, después de la cruda e intensa lucha con mi madre
y lo que había presenciado con Lissa y Christian anoche.
Dimitri se sentó detrás y me miro, de vez en cuando
criticaba mi técnica y ofreció algunas nuevas sugerencias
para las nuevas tácticas.
-Tú pelo es el problema- dijo en un momento. –No sólo te
bloquea la visión periférica, sino que estas corriendo el
riesgo de que tu enemigo consiga ventaja.-
-Si estuviera en un pelea real, lo llevaré recogido hacía
arriba.- Gruñí mientras empujaba la estaca cuidadosamente
hacía arriba entre las costillas del maniquí. No sabía que
estaban hechos los huesos artificiales, pero eran una pega
para evitar. Pensé en mi mama de nuevo y añadí un poco
más de fuerza a la junta. –Hoy lo estoy llevando hacía abajo,
ese es todo.-
-Rose- me avisó. Hice caso omiso de él, hundí otra vez. Su
voz me llegó más bruscamente la próxima vez que me habló.
–Rose. Detenté.-
Me aparté del maniquí, sorprendida de encontrar mi
respiración trabajando. No me había dado cuenta de que
estaba trabajando tan duro. Mi espalda golpeó contra la
pared. No tenía ningún sitio al que ir, miré lejos de él, y dirigí
mis ojos al suelo.
-Mírame.- me ordenó.
-Dimitri…-
-Mírame-
No importaba nuestra estrecha historia, todavía era mi
instructor. No podía rechazar una orden directa. Poco a poco,
a regañadientes, me di la vuelta hacía él, seguí inclinando la
cabeza ligeramente hacia abajo, de manera que mi pelo
colgaba por los lados de mi cara. Se levantó de la silla,
camino y se paró enfrente mío.
Evitaba sus ojos, pero vi su mano avanzar hacía mi cortina de
pelo. Luego se paró. Al igual que mi respiración. Nuestra
atracción de corta duración estaba llena de preguntas y
reservas, pero una cosa la sabía seguro: Dimitri había amado
mi pelo. A lo mejor aún le gustaba. He de admitir que era un
pelo genial. Largo, sedoso y oscuro. Solía encontrar excusas
para tocármelo, y él me aconsejo que no me lo cortara como
todas las otras mujeres guardianas.
Su mano se paró allí, y mi mundo aún seguía parado
esperando ver lo que él haría. Después de lo que me pareció
una eternidad, él dejo caer gradualmente su mano de nueva
a su lado. La decepción me quemaba por dentro, pero al
mismo tiempo, había aprendido algo. Había dudado. Había
tenido miedo de tocarme, que por lo tanto, tal vez, sólo tal
vez, significaba que aún me quería. Había tenido que
dominarse de nuevo.
Lentamente tire mi cabeza hacía atrás de manera que
hicimos contacto visual. La mayor parte de mi pelo cayó de mi
cara, pero no del todo. Su mano tembló de nuevo, y esperaba
que llegará de nuevo hacía delante. La mano se le estabilizo.
Mi entusiasmo se amortiguó.
-¿Te duele?-preguntó. El olor del aftershave, mezclado con su
sudor, me desesperó más. Dios, quería que me tocara.
-No- le mentí.
-No parece tan malo- me dijo – Se te va a curar-
-La odio- le dije, asombrada de cuanto veneno desprendieron
esas dos palabras. Incluso mientras me giré y deseé a
Dimitri. Todavía no podía creer el resentimiento que tenían
en contra de mi madre.
-No, no lo haces.- dijo suavemente.
-Sí lo hago-
-Tú no tienes tiempo de odiar a nadie- todavía me aconsejó
con su voz de entrenador. –No en nuestra profesión. Tienes
que hacerla paces con ella.-
Lissa me había dicho exactamente lo mismo. A mi
indignación se sumaron otras emociones. Esa oscuridad
dentro de mí empezó a desplegarse. -¿Hacer las paces con
ella?
Después de que ella me dejo un ojo morado a propósito!¿
Porque soy la única que ve esto como una locura?-
-Ella no lo hizo a propósito.- Dijo en voz fuerte. –No importa
cuánto te moleste, tú debes de creerlo. Ella no haría eso, y de
todos modos, la vi más tarde ayer. Estaba preocupada por
ti.-
-Probablemente, se preocupo más porque alguien le acusara
contra malos tratos de niños.- Murmure.
-¿No crees que esta es la época del año para perdonar?-
Suspire en voz alta. – Esto no es un especial de Navidad!
Esta es mi vida. El mundo real. La bondad y los milagros no
ocurren.-
Él seguía mirándome tranquilamente. – En el mundo real, tú
puedes hacer que ocurran tus propios milagros.-
Mi frustración de repente llego a un punto límite, y me rendí
tratando de mantener mi control. Estaba tan cansada de ser
razonable, las cosas practicas cuando algo salía mal en mi
vida. En algún lugar dentro de mí, yo sabía que Dimitri sólo
quería ayudarme, pero yo no estaba de buen humor para el
buen significado de las palabras. Yo sólo quería el confort de
mis problemas. No quería pensar en lo que haría una mejor
persona. Deseaba que él me sostuviera y me dijera que no
me preocupara.
-Ok ¿Puedes parar ya?- Le exigí, con las manos en las
cadera.
-¿Parar el qué?-
-Todo el rollo mierda profundo del Zen. No me hablas como
si fuera una persona real. Todo lo que me dices es algo sabio,
lecciones absurdas para la vida. Suenas como si fueras un
especial de Navidad.- Sabía que no era justo tomar mi enojo
en su contra, me encontré casi gritándole. –Lo juro, a veces
es como que sólo quieres escucharte hablar a ti! Y se que no
siempre eres así. Estas perfectamente normal cuando hablas
con Tasha. ¿Pero conmigo? Tú tan sólo haces movimientos
mecánicos. No te preocupas por mí. Solo haces tu papel de
mentor.
Él me miraba totalmente sorprendido. -¿Qué no me
importas?-
-No- me sentía pequeña, muy, muy pequeña. Y yo sabía la
verdad, que él cuidaba de mí y era más que mi simple mentor.
Aunque no podía ayudarme a mi misma. Yo solo me acerque.
Y le golpeé el pecho con mi dedo. –Soy otra estudiante más
para ti. Simplemente sigues y sigues con tu estúpida manera
de darme lecciones sobre la vida y que…-
La mano que esperaba que tocara mi pelo de repente me
agarró apuntándola hacía un lado. Él la fijo en la pared y me
sorprendí al ver un destello de emoción en sus ojos. No era
exactamente ira… pero era algún tipo de frustración.
-No me digas lo que estoy sintiendo.- Él gruño.
Entonces vi que la mitad de lo que había dicho era verdad.
Casi siempre estaba tranquilo, siempre mantenía el control,
incluso durante los combates. Pero él me había dicho que
una vez también se rompió y golpeó a su padre Moroi. Él
había sido como yo, siempre a punto de actuar sin pensar,
haciendo cosas que él sabía que no debía.
-¿ Es eso no? ¿No lo es?- Le pregunté
-¿Qué?-
-Siempre estas luchando para mantenerte bajo control. Tú
eres igual que yo.-
-No- dijo, obviamente aun trabajando.-He aprendido a
controlarme.-
Algo acerca está revelación me lo hizo ver. –No- Le informé.-
No lo haces. Pones una cara buena, y la mayor parte del
tiempo te hace permanecer en control. Pero a veces no
puedes. Y a veces…- Me incliné hacía delante y reduje mi
tono de voz. –A veces no quieres.-
-Rose…-
Yo podía ver el trabajo que hacía, la respiración y el golpeteo
de su corazón se aceleraron tanto como el mío. Y él no se
separaba. Sabía que esto era lo incorrecto. Sabía todas las
razones lógicas que hacían que permaneciéramos separados.
Pero en ese momento, no me importaban. No quería
controlarme a mi misma. No quería ser buena.
Antes de que se diera cuenta de lo que estaba pasando, le besé. Nuestros labios
se juntaron, y cuando sentí que él me besaba, yo sabía que tenía razón. Me
presiono más cerca, y me capturó entre él y la pared. Mantuvo mi mano cogida,
pero con la otra serpenteó detrás de mi cabeza, resbalando entre mi pelo. El
beso estuvo lleno de intensidad, también había ira, pasión, libertad…
Él fue el que lo rompió. Se movió de un tirón lejos de mí y
tomo varios pasos atrás, pareciendo sacudido.
-No hagas eso otra vez- dijo tieso.
-Entonces, no me beses-Le repliqué.
Él me miro fijamente como si lo fuera a hacer para siempre. –
Yo no doy lecciones Zen para escucharme hablar a mi
mismo. No las doy porque seas otra estudiante. Estoy
haciéndolo para enseñarte a controlarte.-
-Pues estas haciendo un buen trabajo.- Le dije
amargamente.
Él cerró los ojos durante medio segundo, exhaló y murmuro
algo en ruso. Sin volverme a mirar, se dio la vuelta y
abandono la sala.
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