Capitulo 11 y 12
Capitulo 11
Lissa se había levantado e ido antes incluso que yo me
despertara por la mañana, que significaba que tenía el
cuarto de baño para prepararme el día. Amaba ese cuarto de
baño. Era enorme. Mi cama gigante habría cabido
confortablemente dentro de él. Una ducha con tres chorros
distintos me despertó, aunque mis músculos me dolían de
ayer. Mientras estaba parada delante del espejo de cuerpo,
me peine el pelo, me decepcione un poco al ver que el
moratón seguía allí. Era perceptiblemente más ligero, sin
embargo, se había vuelto amarillento. Un poco de corrector y
polvo lo cubrieron totalmente.
Me dirigí en busca de alimento. El comedor estaba cerrado
para el desayuno, pero una de las camareras me dio un par
de mazapanes de melocotón y me fui. Mascando uno mientras
andaba, amplié mis sentidos para conseguir saber donde
estaba Lissa. Después de un par de veces, la sentí al otro
lado de la casa de campo, lejos delos cuartos de estudiantes.
Seguí la pista hasta que llegué a una habitación del tercer
piso. Golpeé.
Christian abrió la puerta.-La bella durmiente llegó.
Bienvenida.-
Él me llevó hacia dentro. Lissa estaba sentada de piernas
cruzadas en la cama del cuarto y sonrió en cuando me vio. La
habitación era tan lujosa como la mía, pero la mayoría de los
muebles habían sido empujados para dejar espacio, en ese
espació parada, estaba Tasha.
-Buenos días- dijo
-Hey- le dije. Tratando de evitarla.
Lissa acarició un lugar a su lado.-Tienes que ver esto-
-¿Qué pasa?- Me senté en la cama y termine el último de
mis bollos.
-Cosas malas- dijo maliciosamente. –Lo aprobaras-
Christian caminó a lo largo del espacio vacío y se enfrento a
Tasha. Se miraron, olvidándose de Lissa y yo.
Aparentemente, había interrumpido algo.
-Entonces ¿Por qué no puedo tan sólo consumir el hechizo?-
Preguntó Christian.
-Debido a que utiliza una gran cantidad de energía. Dijo ella.
Incluso con pantalones vaqueros, una cola de caballo y la
cicatriz se las arreglo para verse ridículamente linda. –
Además, lo más probable es que mataras a tu oponente.-
Se burló -¿Por qué no quería matar a un Strigoi?-
-Podría ser que no siempre estuvieras luchando en contra
uno. O a la mejor necesites información sobre ellos. A pesar
de todo, tú debes estar preparado de todas las maneras.-
Me di cuenta de que estaban practicando magia ofensiva. El
entusiasmo y el interés substituyeron el cabreo que había
cogido al ver a Tasha. Lissa no estaba haciendo broma cuando
dijo que estaban haciendo “cosas malas”. Yo siempre había
sospechado de la magia ofensiva, pero…WOW. Pensar en ello
y ver que es realidad son cosas muy distintas. El uso dela
mágica como arma estaba prohibido. Un hecho castigable. Un
estudiante que experimentara con ella podría ser perdonado y
simplemente disciplinarlo más, pero que un adulto
enseñando a un menor… sí. Tasha podrá verse en serios
problemas. Durante medio segundo, jugué con la idea de
delatarla. Inmediatamente, rechacé esa idea. Yo la odio por ir
con Dimitri, pero parte de mí cree que es una suerte que ella
y Christian lo estuvieran haciendo. Además, se acababa de
enfriar.
-Un hechizo de distracción es casi igual de útil.-Continuo.
Sus ojos azules adquirieron un foco intenso qua a menudo
veía conseguir a un Moroi mientras usaba la magia. Su
muñeca chasqueó hacia delante, y una raya de fuego
serpenteo más allá de la cara de Christian. No lo toco, por la
forma en que se estremeció, sospeche que había sido lo
suficientemente cerca como para notar el calor.
-Pruébalo- Dijo ella.
Christian dudó un momento y luego hizo el mismo
movimiento con la mano. Una raya de fuego Salió, pero no
tenía ningún control comparado con el de ella. También tenía
muy mala puntería. Fue directo a su cara, pero antes de que
le tocara, se dividió y partió alrededor de él, casi como si
hubiera golpeado contra una protección invisible. Ella la
desvió con su propia magia.
-No está mal, a parte del hecho que casi has quemado mi
cara.-
No creo que quemara su cara, pero su pelo… ah sí. Veríamos
como de guapa estaría ella sin esa melena negra.
Ella y Christian practicaron un rato más. Él mejoró con el
paso del tiempo, a pesar de que claramente le faltó para
tener la habilidad de Tasha. Mi interés creció y creció a
medida que pasó el tiempo, y me encontré meditando todas
las posibilidades que este tipo de magia podía ofrecer.
Se termino la lección cuando Tasha dijo que se tenía que ir.
Christian suspiro, claramente frustrado por no haber sido
capaz de dominar el hechizo en una hora. Su carácter
competitivo era casi tan fuerte como el mío.
-Aun creo que sería más fácil quemarlos totalmente.-
Argumentó.
Tasha sonrió mientras se cepillaba su pelo en una cola de
caballo más apretada. Sí. Ella podría definitivamente
quedarse sin su pelo, especialmente cuando sabía lo mucho
que le gustaba a Dimitri el pelo largo.
-Es más fácil, porque implica menos energía. Es descuidado.
Tú magia será más fuerte a largo plazo si puedes aprender
a hacer esto. Y como he dicho, tiene otras utilidades.-
Yo no quería estar de acuerdo con ella, pero no pude
evitarlo.
-Podría ser muy útil si lucharas junto a tu guardián.- Dije
con emoción.- Especialmente si quemar completamente un
Strigoi se necesita tanta energía. De esta manera, utilizarías
sólo una rápida ráfaga de poder para distraer el Strigoi. Y se
distrajeran con el incendio, ya que lo odian tanto. Entonces
ese es todo el tiempo que necesita un guardián para
estacarlos. Podrías controlar un manojo entero de Strigoi de
esta manera.-
Tasha me hizo una mueca. Algunos Moroi como Lissa y
Adrian sonreían sin mostrar los dientes. Tasha si que
mostró los suyos, incluidos los colmillos.
-Exactamente. Tú y yo deberemos ir algún día a cazar
Strigois.- Se burló.
-No lo creo.- Le respondí.
Las palabras en si mismas no eran tan malas, pero el tono
que utilicé para decirlas sin duda lo fue. Frio. Hostil. Tasha
me miró momentáneamente sorprendida de mi brusco
cambio de actitud, pero sólo se encogió de hombros. El
choque de Lissa me llegó a través del enlace.
Sin embargo, a Tasha no parecía incomodarle. Ella hablo con
nosotros un poco más y hizo planes para ver a Christian en
la cena. Lissa me dio una fuerte mirada mientras ella,
Christian y yo bajábamos una escalera de caracol que
conducía hasta el vestíbulo.
-¿Qué fue eso?-Me preguntó
-¿De qué estas hablando?-pregunté inocentemente.
-Rose.- Dijo de manera significativa. Es difícil jugar al tonto
cuando tu amiga sabía que podías leerle la mente. Sabía
exactamente de lo que estaba hablando.
-Fuiste una perra con Tasha.-
-Yo no fui una perra con Tasha.-
-Fuiste grosera- Exclamó ella, un grupo de niños Moroi
estaban lloriqueando en el vestíbulo. Se agruparon y un
instructor de esquí Moroi de aspecto cansado los siguió.
Puse mis manos en las caderas.-Mira, yo sólo estoy de mal
humor ¿De acuerdo? No dormí mucho. A demás, no soy
como tú. No tengo que ser amable todo el tiempo.-
Lissa me miraba más sorprendida que herida. Christian me
frunció el ceño, presionándome, cuando Mason apareció
misericordiosamente. No llevaba ningún yeso o cualquier
otra cosa, pare cojeaba ligeramente al andar.
-Hola. Cuanto tiempo- Le dije. Resbalando mi mano dentro la
suya.
Christian dejo ir su enfado conmigo y se giró hacia Mason -
¿Es verdad que hiciste un movimiento suicida que finalmente
te atrapó?
Mason me miro -¿Es cierto que estuviste saliendo con
Adrian Ivashkov?-
-Yo ¿Qué?-
-He oído que os emborrachasteis anoche.-
-¿En serio?- Preguntó Lissa, asustada.
Mire todas sus caras. -¡NO, por supuesto que no! Yo apenas
lo conozco.-
-Pero lo conoces- Insistió Mason.
-Apenas-
-Él tiene mala reputación.- advirtió Lissa.
-Sí.- Dijo Christian –Él va atrás de un montón de chicas.-
No podía creérmelo. -¿Creen que les mentiría? Hablé con él,
como unos, cinco minutos! Y sólo porque me bloqueaba el
paso ¿De donde han sacado todo esto?- Inmediatamente me
conteste la pregunta. –Mia-
Mason asintió y me miro avergonzó. -¿Des de cuando hablas
con ella?- Le pregunté
-Me encontré con ella, eso es todo.- Me dijo
-¿Y tú te la crees? Tú sabes que esta mintiendo todo el
tiempo.-
-Sí, pero por lo general hay algo de cierto en sus mentiras.
Hablaste con él.-
-Sí. Hablé. Eso es todo.-
Realmente intente reflexionar sobre la manera en que había
reaccionado Mason, y creo que no confiaba en mí. Él me
había ayudado mucho el año anterior deshaciendo las
mentiras de Mia, a si que me sorprendí mucho de que él
estuviera ahora tan paranoico. Quizá si sus sentimientos
hacía mí habían crecido, él ahora podría ser más susceptible
a los celos. Asombrosamente era Christian el que vino al
rescate y cambio de tema.
-¿Supongo que hoy no esquiaras?- Señalo el tobillo de
Mason, desencadenando inmediatamente una respuesta
indignada.
-¿Qué crees, qué esto me va a frenar?- Preguntó Mason.
Disminuyendo su ira y substituyéndola por un necesidad de
probarse a si mismo, necesidad que él y yo compartíamos.
Lissa y Christian le miraron como si estuviera loco, pero yo
sabía que nada que dijéramos podría detenerlo.
-¿Quieren venir con nosotros?- Le pregunté a Lissa y
Christian.
Lissa sacudió la cabeza. –Nosotros no podemos. Tenemos
que ir al almuerzo de recibida de los Contas.-
Christian gimió –Bueno, tú tienes que ir.-
Ella lo codeó –Igual que tú. La invitación decía que
consiguiera un acompañante, Además, esto tan sólo es un
calentamiento para lo grande.-
-¿Qué será?- Preguntó Mason
-La gran cena de Priscilla Voda.- suspiró Christian. Verlo tan
dolido me hizo sonreír. – La mejor amiga de la reina. Todas
las familias reales estarán allí, y tendré que usar el traje.-
Mason me dedico una sonrisa. Su enfado ya se había ido. –El
esquí suena mejor ¿Eh? No hay un código de vestimenta.-
Dejamos atrás a los Moroi y nos fuimos a fuera. Mason no
podía competir contra mí de la misma manera que lo había
hecho ayer, sus movimientos eran lentos y torpes. Sin
embargo, lo hizo muy bien considerándolo todo. La lesión
no era tan mal como habíamos temido, pero tuvo prudencia
a hacer movimientos extremadamente fáciles.
La luna llena colgaba en la oscuridad, una esfera brillante de
color blanco plateado. Las luces eléctricas dominaban la
mayor parte de la iluminación del suelo, por aquí y allí, en las
sombras, la luna apenas lograba emitir su resplandor.
Deseaba que fuera lo suficientemente luminosa para que
iluminara la cordillera que nos rodeaba, peo los picos se
quedaron envueltos en la oscuridad. Me olvide de mirarlos
cuando había luz.
Las pistas eran muy simples para mi, pero me quede con
Mason y sólo ocasionalmente me burlé de cómo las
precauciones que tomaba me hacía dormir. Sea aburrido o
no, era bueno estar solo fuera de casa con los amigos, y la
actividad agitó mi sangre lo suficiente para combatir el frío
del aire. Los postes de luz iluminaban la nieve, lo que lo
convertía en un extenso mar de color blanco, los copos de
cristales chispeaban débilmente. Y si me volviera lejos y
bloqueara las luces de mi campo visual, podría mirar para
arriba y ver las estrellas derramándose sobre el cielo. Estaba
parada fuera del rígido y cristalino en el claro, el aire
congelaba. Permanecimos fuera la mayor parte del día otra
vez, pero esta vez, lo llamé un poco más temprano,
pretendiendo estar cansada así Mason podría descansar.
Puede ser que manejara bien el esquí con un tobillo blando,
pero podía ver que le empezaba a doler.
Mason y yo nos dirigimos hacia el albergue caminando muy
cerca el uno del otro, reír acerca de algo que había visto
antes. De repente, unos puntos blancos en mi visión
periférica, y una bola de nieve choco contra la cara de
Mason. Inmediatamente se puso a la defensiva, dándose la
vuelta de un tirón, mirando fijamente a su alrededor.
Chillidos y gritos sonaron des de las profundidades y se
mezclaron llegando des de los pinos.
-Demasiado lento, Ashford- alguien le llamó. –No vale por
estar enamorado.- Se rió más. El mejor amigo de Mason,
Eddie Castilla, y algunos otros novatos de la escuela
aparecieron detrás un racimo de árboles. Más lejos, oí más
gritos.
-Te íbamos a pedir que vinieras, si quieres estar en nuestro
equipo.- dijo Eddie. –Aunque esquives como una chica.-
-¿Equipo?- Le pregunté emocionada. En la academia, lanzar
bolas de nieve estaba terminantemente prohibido. Los
trabajadores de la escuela estaban inexplicablemente
asustados de que nos tiráramos bolas de nieve con trozos de
cristal o cuchillas de afeitar, aunque en primer lugar, no tenía
ninguna pista de como llegaron a pensar que seriamos
capaces de llegar a hacer esto.
No era como si una guerra de bolas de nieve fuera una
rebelión, pero después de toda la tensión que estaba pasando
recientemente, tirar cosas contra la demás gente sonaba de
repente como la mejor idea que había oído en un rato. Mason
y yo nos incorporamos rápidamente a los demás, la
perspectiva de luchar contra algo prohibido le dio nueva
energía lo que le causó olvidar el dolor de su tobillo. Nos
pusimos a luchar con una dura ferocidad.
La lucha pronto se convirtió en una cuestión de darle a tanta
gente como fuera posible mientras esquivabas los otros
ataques. Yo era excepcional en las dos cosas y asegure mi
inmadurez añadiendo insultos tontos y gritando a mis
victimas. En el momento en el que alguien se dio cuenta de lo
que estábamos haciendo y nos gritamos, riéndonos y
cubiertos de nieve.
Mason y yo, una vez más, fuimos hacía el albergue, y nuestro
estado de animo estaba elevadísimo, sabía que lo de Adrian
ya estaba olvidado.
De hecho, Mason me miro justo antes de entrar. –Lo siento,
he saltado con la de Adrian antes.-
Le apreté la mano. –Está bien, se que Mia sabe contar unas
buenas convincentes historias.-
-Si… pero incluso si estabas con él… no es que yo tenga
derecho…-
Le miré fijamente, me sorprendió ver su rostro,
habitualmente temerario, por una vez tímido.-¿A no?- Le
pregunté.
Una sonrisa apareció en sus labios. -¿A sí?-
Devolviéndole la sonrisa, di un paso más adelante y le bese.
Sentí sus labios increíblemente cálidos en aquel aire tan
helado. No era como el beso desastroso que había tenido
antes del viaje con Dimitri, pero era dulce y agradable, un
tipo de beso de amistad que podría convertirse en algo
más. Al menos, así fue como lo vi. Por la mirada de la cara de
Mason, parecía que todo su mundo se hubiera sacudido.
–Wow- dijo, con los ojos de par en par. La luna hizo que sus
ojos se vieran de un color azul plateado.
-¿Lo ves?- Le digo. –Nada de que preocuparse. No Adrian.
No hay nadie.-
Nos besamos de nuevo, esta vez un poco más largo, antes de
irme finalmente. Mason estaba claramente de mejor humor,
tal y como debía ser, y me metí en la cama con una sonrisa
en mis labios.
Pero cuando me dormí, soñé con Adrian Ivashkow.
Yo estaba de nuevo en el porche con él, sólo que esta vez
era verano. El aire era cálido y suave, y el sol brillaba
colgado en el cielo, cubriéndolo todo con una luz dorada. No
había estado en el sol des de que vivía con los humanos.
Todo a mí alrededor, las montañas y los valles estaban
verdes y vivos. Los pájaros cantaban por todos lados.
Adrian apoyado contra la barandilla del porche. Hecho un
vistazo por encima, y me volvió a mirar en cuando me vio.
-Oh. No esperaba verte aquí.- Él sonrió. –Tenía razón. Te ves
devastadora cuando estas limpia.-
Por instinto toqué la piel alrededor de mi ojo.
-Se ha ido-me dijo
Incluso sin poderlo ver sabía que él tenía razón. –No estas
fumando-
-Mal habito- Dijo. Cabeceó hacía mí. -¿Estas asustada? Estas
usando mucha protección-
Fruncí el ceño, después me miré abajo. No había notado la
ropa que llevaba. Usaba un par de pantalones vaqueros
bordados que había visto una vez pero eran demasiado
caros para comprármelos. Mi camiseta estaba cortada,
enseñando mi barriga, y llevaba un piercing en el ombligo,
siempre deseé perforarme el ombligo, pero nunca lo había
sido capaz de pagarlo. El complemento que llevaba era de
plata, y colgando al final había el extraño ojo azul que me
había regalado mi mama. El brazalete de Lissa se enrollaba
alrededor de mi muñeca.
Mire insegura a Adrian, estudiando la forma en que el sol
hacía brillar su pelo castaño. Aquí, a plena luz del día, pude
ver que sus ojos eran de un profundo verde esmeralda
opuesto al pálido de Lissa. Algo seme ocurrió de repente.
-¿No te molesta todo este sol?-
Se encogió de hombro vagamente. -No. Es mi sueño-
-¿Estas seguro?- Su sonrisa volvió.
Me sentía confundida. –Yo… no lo séÉl
se rió entre dientes, pero un momento después, su risa
paró. Por primera vez des de que lo había conocido, él se
veía serio. -¿Por qué te rodea tanta oscuridad?-
Le fruncí el ceño. -¿Qué?-
-Estas envuelta por la oscuridad- Sus ojos me estudiaron
astutamente, pero no de una manera controlada. –No había
visto nunca a nadie como tú. Sombras por todas partes.
Nunca lo hubiera adivinado. Incluso mientras estas de pie
aquí, las sombra no dejan de crecer.-
Mire hacía abajo, a mis manos, pero no vi nada fuera de la
común. Le volví a mirar asegurándome. – Yo soy el beso de la
oscuridad…-
-¿Qué significa eso?-
-Yo morí una vez- Nunca había hablado con nadie de eso a
parte de Lissa y Victor Dashkov, pero esto era un sueño. No
importaba.-Y regresé-
La maravilla encendió su cara.- Ahh. Interesante-
Desperté.
Alguien me sacudía. Era Lissa. Sus emociones me golpearon tan
fuertemente a través del vínculo que entre brevemente en su mente y me
encontré mirándome. –Extraño- Tire nuevamente de mí, intentando
suavizar el terror y la alarma que me llegaba de ella.
-¿Qué está mal?-
-Ha habido otro ataque de Strigois.
Capitulo 12
Estaba fuera de la cama en un segundo. Todo el hotel era un
enorme lío debido a las noticias.
La gente se agrupaba en los pasillos. Los familiares se
buscaban entre ellos. Algunas conversaciones se realizaron en
susurros aterrorizados; algunos en voz alta y fáciles de
escuchar. Paré a algunas personas, intentando escuchar la
historia correcta. Sin embargo, tenían una versión diferente
de lo que había ocurrido, o no se paraban a hablar. Pasaban a
toda prisa, o en busca de su familia o preparándose para salir
del hotel, convencidos de que habría algún lugar más seguro
en otros lugares.
Frustrada con las diferentes historias, finalmente - a
regañadientes - sabía que tenía buscar las dos fuentes que me
darían una información sólida. Mi madre o Dimitri. Era como
tirar una moneda al aire. Ninguna de las dos me gustaba en
este momento. Debatí momentáneamente y, por último, me
decidí por mi madre, a sabiendas de que no estaría con Tasha
Ozera.
La puerta de la habitación de mi madre estaba entre abierta y
yo y Lissa entramos y vi que habían montado un cuartel
temporal. Varios guardianes estaban agrupados, entrando y
saliendo, discutiendo estrategias. Algunos nos miraron
extrañados, pero nadie nos paró. Lissa y yo nos sentamos en
un pequeño sofá y escuchamos la conversación que mi madre
estaba teniendo.
Estaba con un grupo de guardianes, uno de ellos era Dimitri.
Y yo que lo quería evitar. Sus ojos marrones me miraron
brevemente y yo desvié la mirada. No quería tratar con mis
perturbados sentimientos para él ahora. Lissa y yo
descubrimos todos los detalles. Ocho Moroi habían sido
asesinados junto con sus cinco guardianes. Tres Moroi
estaban desaparecidos, muertos o transformados en Strigoi.
El ataque no había ocurrido por las cercanías; había sido en
algún lugar cerca del norte de California. Aun así, una
tragedia como esta no puede dejar de hacerse eco en el
mundo de los Moroi, y para algunos, dos estados de distancia
era muy cerca. La gente estaba aterrorizada, y pronto supe
por que este ataque era tan notable.
"Ellos debían de ser más que la última vez", dijo mi madre.
"Más?” Exclamó uno de los otros guardianes. "Ese último
grupo fue un hecho sin precedentes. Y todavía no puedo creer
que nueve Strigoi consiguieran trabajar juntos con éxito -
esperas que crea que se las arreglaron para ser aún mas? "
"Sí ", dijo mi madre.
"Hay alguna prueba de la implicación de seres humanos?"
Alguien le preguntó.
Mi madre dudó y entonces dijo: "Sí. Más custodias rotas. Y
por la forma en que lo hicieron... es idéntico al ataque de la
casa de los Badica."
Su voz era dura, pero también reflejaba un toque de
cansancio. Sin embargo no era agotamiento físico. Percibí que
era mental. El estrés y el dolor de lo que estaban hablando.
Siempre pensé que mi madre era una especie de insensible
máquina de matar, pero claramente esto era difícil para ella.
Era un duro, y feo asunto a discutir -, pero al mismo tiempo,
hablaba sin vacilar. Era su deber.
Se formó un nudo en mi garganta pero me lo tragué
rápidamente. Humanos. Idéntico al ataque de los Badica.
Desde la matanza, analizamos estrictamente la extrañeza de
que un grupo tan grande de Strigoi se juntasen y reclutasen a
seres humanos. Hablamos en términos vagos de "sí algo así
vuelve a suceder…" Pero nadie había hablado seriamente
sobre que ese grupo - los asesinos de los Badica – lo hiciese
de nuevo. Un vez era coincidencia - quizás un grupo de Strigoi
se habían reunido por casualidad y por un impulso habían
decidido invadir y atacar por sorpresa una casa. Era horrible,
pero podíamos entenderlo.
Pero ahora... ahora parecía que ese grupo de Strigoi no tenía
sido hecho por casualidad. Ellos se habían unido con un
propósito, usaron seres humanos estratégicamente, y habían
atacado de nuevo. Ahora teníamos lo que podría ser un
patrón: Strigoi buscando un grupo grande de presas. Asesinos
en serie. No podíamos contar con la magia protectora de las
custodias. Ni tan siquiera podíamos contar con la luz del sol.
Los humanos se podían mover durante el día, explorando y
saboteando. La luz ya no era segura.
Recordé lo que le había dicho a Dimitri en la casa de los
Badica: Esto lo cambia todo, verdad?
Mi madre rebuscó en los documentos que había en la mesa.
"Aún no hay detalles forenses, pero el mismo número de
Strigoi no podría haberlo hecho. Ninguno de los Drozdovs o
cualquiera de su equipo escapó. Con cinco guardianes, siete
Strigoi estarían ocupados - al menos temporalmente –
evitando que alguien escapase. Fueron 9 ó 10, tal vez."
"Janine tiene razón", dijo Dimitri. "Y si observas la escena del
crimen... es muy grande. Siete no podrían cubrirlo todo".
Los Drozdovs eran una de las doce familias reales. Eran
muchos y muy prósperos, a diferencia de clan al borde de la
muerte de Lissa. Tenían muchos familiares, pero por
supuesto, un ataque como este seguía siendo horrible. Sin
embargo, algo me molestó. Había algo que tenía que
recordar... algo que debería saber sobre los Drozdovs.
Mientras una parte de mí trataba de averiguar de qué se
trataba, la otra observaba a mi madre fascinada. Había
escuchado sus historias. Había visto y sentido su lucha. Pero
en realidad, nunca la había visto en acción en una verdadera
crisis. Revelaba cada parte de aquel control que ella mostraba
a mí alrededor, pero en este caso, podía ver cuán necesario
era. Una situación como está generaba pánico. Incluso entre
los guardianes, podía ver que algunos estaban tan alarmados
que querían hacer algo drástico. Mi madre era la voz de la
razón, un recordatorio de que tenían que mantenerse
centrados y evaluar la situación. Su compostura los calmaba;
su fortaleza los inspiraba. Así, me di cuenta, es como un líder
se comporta.
Dimitri estaba tan controlado como ella, pero dejó que ella se
ocupara de todo. Siguieron discutiendo el ataque, como los
Drozdovs estaban celebrando la navidad con retraso cuando
fueron atacados.
"Primero los Badica, ahora los Drozdovs", murmuró un
guardián. "Están hiendo detrás de la realeza."
"Van detrás de los Moroi", dijo Dimitri. "Realeza. Plebeyos.
No importa. "
La realeza. Plebeyos. De repente supo por que los Drozdovs
eran tan importantes. Mis instintos espontáneos querían
saltar y hacer una pregunta ahora mismo, pero sabía mucho
más. Esto era algo serio. No era hora de comportarme
irracionalmente. Quería ser tan fuerte como mi madre y
Dimitri, así que esperé a que finalizara la conversación.
Cuando el grupo comenzó a separarse, me levanté del sofá y
fui hablar con mi madre.
"Rose", dijo, sorprendida. Como en la clase de Stan, no me
había notado en la habitación. "¿Qué estás haciendo aquí?"
Era una tan pregunta estúpida que no le respondí. Qué creía
que estoy haciendo aquí? Esto era una de las cosas más
grandes que estaba aconteciendo con los Moroi.
Apunté a la mesa. "¿Quién más murió?"
La irritación arrugó su frente. "Drozdovs".
"Pero, ¿quién más?"
"Rose, no tenemos tiempo-"
"Tenían empleados, ¿no? Dimitri dijo plebeyos. ¿Quiénes
eran? "
Una vez más, vi la fatiga en ella. Sentía esas muertes. "No sé
todos los nombres". Pasando unas pocas páginas, giró los
papeles hacia mí. "Aquí".
Miré la lista. Mi corazón se hundió.
"Muy bien", le dije. "Gracias".
Lissa y yo los dejamos con sus asuntos. Me gustaría ayudar,
pero los guardianes trabajaban eficazmente ellos solos, no
era necesario que los principiantes anduviesen detrás de
ellos.
"¿A qué se debía eso?" dijo Lissa, cuando llegamos a la parte
principal del hotel.
"Los empleados de los Drozdovs", le dije. "La madre de Mia
trabajaba para ellos..."
Lissa jadeó. "¿Y?"
Suspiré. "Y su nombre está la lista."
"Oh Dios." Lissa detuvo la marcha. Miró a la nada,
parpadeando y derramando lágrimas. "Oh Dios ", repitió.
Me puse delante de ella y coloqué mis manos sobre sus
hombros. Ella estaba temblando.
"Todo está bien", le dije. Su temor me llegaba en ondas.
"Todo estará bien."
“Ya los has escuchado", dijo. "Hay un bando organizado de
Strigoi atacándonos! ¿Cuantos? ¿Ellos vienen hacia aquí? "
"No", dije. No tenía evidencias de eso. "Aquí estamos
seguros".
"Pobre Mia..."
No había nada que pudiese decir al respecto. Pensaba que
Mia era una perra, pero no le deseaba eso a nadie, ni a mi
peor enemigo – lo que, técnicamente, ella era.
Inmediatamente, corregí ese pensamiento. Mia no era mi
peor enemigo.
No podía dejar de lado a Lissa el resto del día. Sabía que no
había Strigoi en el hotel, pero mis instintos protectores eran
fuertes. Los guardianes protegían a los Moroi. Como
siempre, también me preocupe por que ella no estuviese
molesta ni ansiosa, así que intenté por todos los medios
calmar esos sentimientos.
Los demás guardias también vigilaban a los Moroi. No
andaban detrás de ellos, sino que reforzaron la seguridad del
hotel y están en constante comunicación con los guardianes
que estaban en el lugar del ataque. La información fluyó
durante todo el día acerca de los terribles detalles, así como
la especulación acerca de donde estaba la banda de Strigoi.
Por supuesto, poco de eso fue compartido con los
principiantes.
Mientras que los guardias hacían lo que ellos hacían mejor,
los Moroi - por desgracia – hacían lo de ellos: hablar.
Con tantos de la realeza y otro importantes Moroi, se
organizó una reunión esa noche para discutir lo que sucedió
y lo que debería hacerse en el futuro. Nada oficial podría ser
decidió en este caso; los Moroi tenían una reina y un consejo
de gobierno para ese tipo de decisiones. Todo el mundo
sabía, sin embargo, que las opiniones aquí recogidas
llegarían hasta la cadena de mando. Nuestra seguridad
futura podría muy bien depender de lo que se discutiría en
esa reunión.
Se celebró en una enorme sala de banquetes del hotel, con
una plataforma y muchos asientos. A pesar de la atmósfera,
se podía notar que esta sala había sido diseñada para cosas
distintas de las reuniones para discutir las matanzas y la
defensa. La alfombra tenía una textura de terciopelo y estaba
decorada con un diseño ornamental de flores en tonos plata y
negro. Las sillas eran de madera negra y pulida y tenían
grandes respaldos, claramente hechas para cenas elegantes.
Cuadros de Moroi de la realeza muertos hace mucho tiempo
estaban colgados en la pared. Observé brevemente una con el
nombre de una reina no conocía. Vestía un traje antiguo -
con muchos lazos para mi gusto - y tenía el cabello pálido
como el de Lissa.
Un tipo que no conocía era el encargado de la moderación y
se dirigió a la plataforma. La mayor parte de la realeza estaba
reunida en frente de la sala. Todos los demás, incluidos los
estudiantes, se sentaron donde pudieron. Christian y Mason
nos encontraron en ese momento, y cuando empezamos a
sentarnos al fondo Lissa negó con la cabeza.
"Vamos a sentarnos delante".
Los tres la miramos. Estaba tan sorprendida que ni tan
siquiera podía leer sus pensamientos.
Mirad." Señaló. "La realeza está sentada en la parte
delantera, sentados por familias".
Era cierto. Miembros del mismo clan se sentaban unos cerca
de los otros. Badicas, Ivashkovs, Zekloses, etc. Tasha estaba
sentada allí, pero ella estaba sola. Christian era el único otro
Ozera allí.
"Debo estar allí", dijo Lissa.
"Nadie espera que lo hagas," le dije.
"Tengo que representar a los Dragomirs".
Christian bromeó. "Es sólo un montón de mierda de la
realeza."
Su rostro estaba decidido. "Tengo que ir allí."
Me abrí a los sentimientos de Lissa y me gustó lo que
encontré. Había pasado la mayor parte del día tranquila y
con miedo, sobre todo cuando había descubierto lo de la
madre de Mia. Aquel miedo todavía estaba con ella, pero
estaba siendo suprimido por su confianza y determinación.
Reconoció que era una de los Moroi que comandaban, y
aunque la idea de una banda de Strigoi la asustaba, ella
quería ser parte de esto.
"Deberías", le dije suavemente. También me gustaba la idea
de ella desafiando a Christian. Lissa encontró mi mirada y
sonrió. Ella sabía lo que yo estaba sintiendo. Un momento
más tarde, se giró a Christian. "Deberías reunirte con tu tía."
Christian abrió su boca en señal de protesta. Si no fuese por
el horror de la situación, ver a Lissa mandar hubiese sido
gracioso. El siempre era tan terco y difícil; aquellos que
intentaban controlarlo no podían. Viendo su cara, vi que la
misma reacción que yo había tenido al ver la decisión de
Lissa, cubría la de el. También le gustaba ver la fortaleza de
Lissa. Presionó sus labios haciendo una mueca.
"Ok" Le cogió la mano, y los dos caminaron hacia adelante.
Mason y yo nos sentamos. Justo antes de que comenzase,
Dimitri se sentó a mi otro lado, su pelo recogido en una
coleta. Le miré sorprendido, pero no dijo nada. Había
algunos guardianes en esa reunión, pero la mayoría estaban
demasiado ocupados haciendo un control de daños. Esto
prometía. Allí estaba yo, entre mis dos hombres.
La reunión comenzó poco después de eso. Todos estaban
ansiosos de hablar de cómo creían que los Moroi estarían
más seguros, pero en realidad, dos teorías llamaron mi
atención.
"Esta es una preocupación para todos nosotros", dijo uno de
la realeza, cuando tuvo la oportunidad de hacer uso de la
palabra. Él estaba en su silla y miró alrededor de la sala.
"Aquí. En lugares como este hotel. Y la Academia de San
Vladimir. Enviamos a nuestros hijos a lugares seguros,
lugares que son seguros debido a los números y puedan ser
protegidos fácilmente. Y miren ¿cuántos de nosotros estamos
aquí, niños y adultos por igual. ¿Por qué no vivimos de esta
forma? "
"Muchos de nosotros ya viven así", gritó alguien detrás.
El hombre hace caso omiso. "Algunas familias aquí y allá. O
una ciudad con muchos Moroi. Pero esos Moroi todavía
están descentralizados. La mayoría no utiliza sus recursos -
sus guardianes, su magia. Si podemos emular este modelo..."
Expandió sus manos "... nunca tendremos que preocuparnos
de los Strigoi de nuevo."
"Y los Moroi no podrán interactuar con el resto del mundo de
nuevo", murmuré. "Bueno, hasta que los seres humanos
encuentren las ciudades de vampiros secretas propagándose
por ahí. Entonces si que habría mucha interacción".
La otra teoría acerca de cómo proteger a los Moroi tenía
algunos problemas de lógica, pero un mayor impacto - en
particular para mí.
"El problema es que no tenemos suficientes guardianes". Esa
teoría fue remitida por una mujer de la familia Szelsky. "Y
entonces, la respuesta es simple: conseguir más. Los
Drozdovs tenían cinco guardianes, y no fue suficiente. Sólo
seis para proteger a una docena de Moroi! Eso es
inaceptable. No es de extrañar que este tipo de cosas estén
sucediendo".
"¿De dónde propones obtener más guardianes?" Preguntó el
hombre que había hablado de juntar a los Moroi. "Ellos son
un recurso limitado".
Ella apuntó hacia donde yo y unos cuantos principiantes más
estábamos sentados. "Ya tenemos varios. Los he visto
entrenar. Son letales. ¿Por qué esperar hasta que cumplan
los 18 años? Si aceleramos el programa de formación y los
centramos en prepararse para el combate que en los libros,
podemos transformarlos en nuevos guardianes cuando
cumplan los 16. "
Dimitri hizo un sonido bajo con la garganta que no parecía
feliz. Se inclinó hacia adelante, poniendo los codos sobre las
rodillas y descansando la barbilla en las manos, cerrando los
ojos mientras pensaba.
"No sólo eso, muchos de los posibles guardianes se están
desperdiciando. ¿Dónde están todas las mujeres dhampir?
Nuestras razas están vinculadas. Los Moroi están haciendo
su parte ayudando a los dhampir a sobrevivir. Porque las
mujeres dhampir no están haciendo la de ellas? ¿Por qué no
están aquí? "
Una larga y sofocada risa fue la respuesta. Todos los ojos se
giraron hacia Tasha Ozera. Aunque la mayoría de la realeza
se había engalanado, ella estaba simple y casual. Vestía
jeans, un top de color blanco que mostró un poco de si figura
y un cárdigan de lana que le llagaba hasta las rodillas.
Mirando hacia el moderador, le preguntó, "¿Puedo?"
El estuvo de acuerdo. La mujer Szelsky se sentó; Tasha se
levantó. A diferencia de los demás oradores, fue hasta la
plataforma, para que pudiese ser vista claramente por todos.
Su pelo brillante estaba atado en una coleta, exponiendo sus
cicatrices completamente, lo que se sospeché que fue
intencional. Su rostro era audaz y desafiante. Bello.
"Esas mujeres no están aquí, Mónica, porque están muy
ocupadas, criando a sus hijos - ya sabes, eses que quieres
comenzar a mandar a la batalla apenas comiencen a
aprender a caminar. Y por favor no nos insultes, actuando
como si los Moroi hiciésemos un gran favor a los dhampirs
ayudándolos a reproducirse. Tal vez sea diferente en tu
familia, pero para el resto de nosotros, el sexo es divertido.
Los Moroi que salen con los dhampirs no están haciendo
ningún sacrificio".
Dimitri se enderezó, su expresión ya no estaba irritada.
Probablemente estaba emocionado porque su nueva novia
había mencionado el sexo. La irritación me inundó, y
esperaba que la gente pensase, que la mirada asesina que
había en mi rostro, era por los Strigoi y no por la mujer que
estaba hablando.
Mas allá de Dimitri, noté a Mia, que estaba sentada sola. No
había notado que ella estaba aquí. Estaba hundida en su
asiento. Sus ojos enrojecidos, la cara más pálida de lo
habitual. Un extraño dolor quemó mi pecho, uno que nunca
esperé que ella me produjese.
"Y la razón por la que esperamos a que los guardianes
cumplan los 18, es para dejarles aprovechar una pretensión
de vida antes de obligarlos a pasar el resto de sus días en
constante peligro. Necesitan eses años extras para
desarrollarse mental y físicamente. Utilizarlos antes de que
estén listos, tratarlos como parte de una cadena de montaje -
entonces solo estarás criando carne para los Strigoi".
Algunas personas pusieron el grito en el cielo ante la elección
de palabras de Tasha, pero con eso, ella consiguió la atención
de todos.
"Crearás más comida haciendo que las demás mujeres
dhampir se convirtiesen en guardianes. No puedes obligarlas
a hacer algo que no quieren. Todo tu plan para lograr más
guardianes se basa en sacrificar poniéndolos en el camino del
peligro, sólo para que estés un poco por delante del enemigo.
Diría que este es el plan más estúpido que he oído, si no
hubiera oído el de él. "
Apuntó hacia el primer orador, el que había propuesto una
reunión de Moroi. La vergüenza apareció en sus rasgos.
"Entonces ilumínanos, Natasha", dijo. "Viendo la experiencia
que tienes con los Strigoi, dinos lo que piensas que debemos
hacer".
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Tasha, pero no
se molestó por el insulto. "¿Lo que pienso?" Caminó más de
cerca del centro de la plataforma, mirando a la multitud
mientras respondía a la pregunta. "Creo que deberíamos
detener los planes que implican depender de alguien o algo
para protegernos. Creéis que tenemos pocos guardianes? Ese
no es el problema. El problema es que hay muchos Strigoi. Y
somos nosotros quienes dejamos que se multipliquen y se
vuelvan más poderosos, porque no hacemos nada para
evitarlo. Corremos y nos escondemos detrás de los dhampirs
y dejamos escapar a los Strigoi. Es culpa nuestra. Somos la
razón por la cual los Drozdovs murieron. ¿Quieres un
ejército? Bueno, aquí estamos. Los dhampirs no son los
únicos que pueden aprender a luchar.
La pregunta, Mónica, no es porque las mujeres dhampir no
están luchando. La pregunta es: ¿Por qué nosotros no lo
estamos? "
Tasha gritaba ahora, y el esfuerzo la hizo ponerse colorada.
Sus ojos brillaban con sus sentimientos apasionados, y
combinado con el resto de sus facciones - e incluso con la
cicatriz – era una figura impresionante. La mayoría de la
gente no podía apartar los ojos de ella. Lissa observaba a
Tasha con admiración, inspirada por sus palabras. Mason
parecía hipnotizado. Dimitri parecía impresionado. Y más
allá...
Mas allá, estaba Mia. Ya no estaba tirada en la silla. Estaba
sentada derecha, derecha y firme, sus ojos no podían estar
más salvajes. Miraba a Tasha como si solamente ella tuviese
todas las respuestas de la vida.
Mónica Szelsku parecía menos respetuosa, mientras miraba a
Tasha. "Ciertamente no estás sugiriendo que los Moroi luchen
con los guardianes cuando vengan los Strigoi?"
Tasha la miró sin inmutarse. "No. Estoy sugiriendo que los
Moroi y los guardianes luchen juntos contra los Strigoi antes
de que vengan."
Un tipo de unos veinte años que parecía un modelo de Ralph
Lauren se levantó. Podía apostar que el también era de la
realeza. Nadie podía permitirse el lujo de pagar unas mechas
rubias tan perfectas. Llevaba un suéter atado a la cintura, se
lo quitó y lo puso alrededor de su silla. "Oh," dijo en una voz
burlona, hablando sin haber pedido la palabra. "Entonces nos
darás palos y estacas y nos mandarás a luchar? "
Tasha se encogió de hombros. "Si fuese necesario, Andrew,
por supuesto". Una sonrisa cruzó sus labios. "Pero también
tenemos unas armas que podemos usar. Una que los
guardianes no pueden".
Su cara demostraba claramente lo alocada que le parecía esa
idea. Hizo rodar los ojos. "¿Sí? ¿Como qué? "
Su sonrisa se convirtió en una risa. "Como esto."
Ella giró la mano y el suéter que estaba en la silla se incendió.
El gritó sorprendido y lo tiró al suelo, pisando el suéter con
los pies.
Hubo una breve y colectiva falta de aire en la habitación.
Entonces... el caos se hizo cargo,
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